No hay justificación

La conducta de estas personas, que no son muchas por fortuna, tiene que ser condenada por todos los pereiranos y, por supuesto, castigada con toda severidad por las autoridades.

Los desmanes ocurridos este martes en el centro de la Ciudad no tienen absolutamente ninguna justificación. Lo primero que hay que preguntar es ¿qué hacía esa cantidad de gente en la calle, acaso no hay un decreto de aislamiento obligatorio que obliga a todos los pereiranos a permanecer en las casas?

Es evidente que las personas que había, por ejemplo, frente al Palacio Municipal y que la emprendieron contra un supermercado que hay en el sector, no eran integrantes de cada familia que salieron a conseguir algunos artículos básicos para su sustento diario, sino delincuentes y oportunistas que estaban en la calle esperando la prometida ayuda oficial y seguramente viendo a ver como aprovechaban el difícil momento que vive la Ciudad para saquear los establecimientos comerciales y cometer toda clase de desmanes.

No es posible que mientras la Ciudad, el país y el mundo en general viven una angustiosa situación de amenaza pública por la pandemia que está azotando al planeta y todos hacen esfuerzos para que los efectos sean los menos severos posibles en la población y en las empresas, unos cuantos vándalos y saqueadores aprovechen la angustia, la incertidumbre y de alguna manera la incapacidad de las autoridades para controlar y vigilar el comportamiento de la gente, para hacer de las suyas.

La conducta de estas personas, que por fortuna no son muchas, tiene que ser condenada por todos los pereiranos y, por supuesto, castigada con toda severidad por las autoridades. El momento no admite consideraciones y mucho menos contemplaciones con quienes solo buscan generar caos para sacar provecho y cometer sus ilícitos.

Nada sería más grave que por causa de la zozobra que han producido entre los pereiranos, los desmanes de ayer, se aumentara la angustia y la incertidumbre que ha generado en toda la población una enfermedad desconocida, si se quiere traicionera y cuyas alcances y consecuencias pueden llegar a ser letales y nadie es capaz de predecir.

Lo que más se necesita en este momento para evitar de un lado el desabastecimiento en las tiendas y supermercados y del otro, que esto y el pánico por falta de alimentos pueda ocasionar, arroje la gente a la calle en procura de conseguir de la manera que sea los productos de primera necesidad; es la presencia de la autoridad y el control severo a las medidas que se han tomado para mantener la seguridad de los habitantes, pero también el orden público.

Es urgente, pues, que las autoridades tomen las medidas que sean necesarias para evitar que hechos como los de ayer martes, se repitan y que unos pocos vándalos le añadan con sus actos más incertidumbre y más preocupaciones a una situación que ya de por si está bien compleja y ha empezado a causar estragos en la salud y la economía nacional.

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