No es un hecho aislado

Esta es una modalidad que ha hecho carrera en muchas partes y que es promovida por quienes se dedican a comercializar droga y explotar sexualmente menores de edad.

El fin de semana anterior la Policía Metropolitana disolvió una fiesta privada que se estaba realizando en un predio rural de Santa Rosa de Cabal. En el momento en que llegaron los uniformados al lugar había, según lo confirmó el comandante de la Institución en el Área Metropolitana, cerca de cien personas adultas y 30 menores de edad, además encontraron evidencias de estar consumiendo licor y drogas alucinógenas.

La convocatoria a la animada fiesta, de acuerdo con lo afirmado por el coronel Morales, se hizo mediante mensajes en las redes sociales y por vía WhatsApp, forma esta que parece ser la acostumbra para invitar a esta y a otras clases de reuniones electrónicas en las que participan tanto mayores como menores de edad.

Por supuesto, según lo dijo el oficial en entrevista con este periódico, el organizador del evento no tenía los permisos correspondientes para fiestas de esta naturaleza, ni había tomado las medidas necesarias para evitar que ingresaran menores de edad y se comercializaran y consumieran sustancias sicoactivas.

Lo grave de esto, es que este no es uno hecho aislado que haya pasado esta vez en Santa Rosa, o que pase eventualmente en Pereira o el Área Metropolitana y que, por un trabajo especial de vigilancia y control de la Policía, las autoridades hayan podido detectarlo y disolverlo a tiempo.

Este es uno más de los muchos que se presentan todos los fines de semana tanto en Pereira como en los demás municipios del Departamento. Esta es una modalidad que ha hecho carrera en muchas partes y que es promovida y aprovechada por aquellas personas que se dedican a comercializar droga y explotar sexualmente menores de edad.

Nada más fácil y lucrativo que conseguir un sitio rural, de bajo perfil y que a nadie estorbe; invitar por las redes sociales; permitirle el ingreso a todo el mundo, incluyendo a los menores de edad; y realizar una fiesta con música electrónica, con consumo no controlado de licor y de toda clase de sustancias alucinógenas, y sin que la Policía llegue a molestar.

Porque la verdad es que la gran mayoría de estas fiestas de droga y excesos, no la detecta la Policía y se realiza con todos los riesgos que tiene para quienes asisten y especialmente para los menores, hombres y mujeres, que llegan allí impulsados por la curiosidad o el engaño de los que tienen montado alrededor de esta actividad un negocio de sexo y de droga.

Es urgente, pues, el concurso de todas las autoridades, de los padres de familia, de los maestros y en general de todos los ciudadanos para prevenir no solo la asistencia de los menores y adolescentes a estas reuniones, sino aquellos comportamientos tanto en la casa como en el colegio que estén indicando que ellos pueden caer en esta clase de invitaciones y terminar en una fiesta como la de Santa Rosa de Cabal.