Las curules de la oposición

Según reciente informe publicado por el Consejo Nacional Electoral, más de 400 personas que fueron candidatos a las alcaldías y gobernaciones de los distintos municipios y departamentos del país, en las elecciones del pasado mes de octubre, y que no ganaron, pero si obtuvieron la segunda votación, no aceptaron la curul en los respectivos concejos municipales y asambleas departamentales que les otorga, por derecho propio, el Estatuto de la Oposición.

El espíritu de esta norma, que empezó a regir desde las últimas elecciones presidenciales, es que el segundo en votación en las elecciones para alcaldes y gobernadores pueda, desde el Concejo municipal y la Asamblea departamental, respectivamente, ser un veedor de la gestión de los funcionarios elegidos y de alguna manera velar por que las propuestas planteadas y promesas hechas a lo largo de las campañas políticas, se cumplan.

Nada más sano para una democracia que quien no tuvo el respaldo suficiente de los ciudadanos para dirigir los destinos de su ciudad o su departamento, pero si logró una votación importante, pueda llevar la vocería en las corporaciones regionales, de quienes apoyaron sus propuestas y les confiaron su voto.

Se podría decir que es el espacio bien ganado de las tesis contrarias a quienes ganaron las elecciones y están ejerciendo el poder, y de alguna manera de quienes tienen todo el derecho a hacerle seguimiento a la tarea de gobierno de los alcaldes y gobernadores, y si se quiere, a compararlas con lo que fueron sus propias propuestas.

Sin embargo, llama la atención que el 40 % de los derrotados en las urnas haya rechazado esta oportunidad. Se dirá, como efectivamente lo expresaron en su momento muchos derrotados para rechazar la curul, que ellos presentaron sus nombres para ser alcaldes o gobernadores y no para ser concejales o diputados; pero es una oportunidad que pierden no solamente ellos, sino todos los ciudadanos que los acompañaron en las urnas.

No pueden olvidar quienes toman la decisión de aspirar a ser los alcaldes y gobernadores de sus ciudades y departamentos, y someten sus nombres, con sus respectivas propuestas e iniciativas, a consideración de sus conciudadanos, que de la misma manera como si hubieran ganado, quedan como perdedores con similar responsabilidad ante sus electores.

De todas maneras, este alto rechazo a las llamadas curules de oposición, por parte de quienes no lograron su objetivo, merece un análisis de si esta opción si está cumpliendo con el espíritu de la ley, o si más bien está siendo mirado como un premio de consolación que le quita prestigio y resta espacio político al perdedor.