La devolución, en entredicho

El procedimiento “a dedo” escogido por el Gobierno para seleccionar los beneficiarios y los canales para la entrega, tampoco son garantía de que el apoyo llegue a las familias escogidas.

A las carreras y a “las patadas” como se dice popularmente, el Gobierno nacional empezó desde el pasado martes y hasta la semana entrante, según lo dicho por Planeación Nacional, a pagar lo que se ha llamado “la devolución del IVA”, un beneficio ofrecido por el presidente Duque a las familias de menos ingresos del país.

La devolución del impuesto del IVA estaba inicialmente programada para entregárselo a sus beneficiarios a partir del año entrante, pero a raíz de los efectos devastadores del coronavirus en la vida de todos los colombianos, el Gobierno tomó la decisión de adelantar su “reintegro” para este año.

Por supuesto, toda ayuda que se le pueda dar a los colombianos menos favorecidos tiene que ser bienvenida, más si es en un momento tan difícil como el que vive el país y está empezando a padecer esa población que no tenía empleo fijo y por tanto hoy no tiene ningún ingreso por causa del aislamiento; sin embargo, quedan muchas dudas de si por la carrera este subsidio de verdad va a quedar en manos de los que realmente lo necesitan.

En un país en el que el Sisbén, que es la base con la cual está trabajando el Gobierno para entregar el subsidio, es un registro permeado y poroso por el cual se han colado miles de personas que están lejos de necesitar el apoyo oficial, y que además ha sido, en prácticamente todas las ciudades del país, un vergonzoso instrumento de la politiquería, no parece ser la mejor garantía para que el esfuerzo del Gobierno llegue a donde debería llegar.

De otro lado, el procedimiento “a dedo” escogido por el Gobierno para seleccionar los beneficiarios y los anunciados canales para la entrega de los dineros, tampoco son garantía para que los 37.500 pesos mensuales que se van a entregar lleguen eficaz y oportunamente a las familias escogidas por Planeación Nacional.

Todo esto, además de que la muestra escogida para entregar el subsidio no parece ser representativa de la real necesidad de ayuda estatal de nuestra población. Basta ver la lista de las asignaciones por municipio divulgadas por Planeación Nacional para ver que hay poblaciones en donde el número de beneficios no asciende a 30, una cifra realmente insignificante para unas comunidades donde la pobreza extrema es el común denominador.

Nos parece, pues, rescatable la intención del Gobierno de apoyar a las familias más pobres del país y de hacerlo en un momento muy oportuno por el avance de la pandemia; pero mucho tememos que ella se pierda en medio de la improvisación oficial, la falta de información cierta para que la ayuda pueda ser equitativa, el desconocimiento entre la población y la incapacidad oficial de garantizar que el beneficio le llegue a las familias escogidas.