Empieza el 2020

Además es un período que se insinúa afectado por la sombra de las protestas callejeras, que muchos han visto que les es rentable protestar y paralizar las actividades.

Pasadas las festividades de fin de año, volvemos nosotros a nuestra cotidiana actividad de informar a todos nuestros suscriptores y lectores lo que sucede en la ciudad y la región, y el país a su quehacer cotidiano en un período que se asoma expectante por todo lo que ha sucedido en los últimos meses, especialmente las distintas expresiones sociales que han entorpecido la marcha normal de muchas actividades en el país y porque a partir de hoy empiezan los mandatarios departamentales y municipales elegidos el pasado 27 de octubre.

Es un año que inicia con las tradicionales alzas de la época: ajuste en el salario mínimo de cerca de dos millones y medio de colombianos, un nuevo incremento en los precios de los combustibles, un mayor valor en las tarifas de los peajes, nuevos topes para la retefuente y para la obligación de tributar, un alza sensible en las matrículas y la entrada en vigencia de algunas normas adoptadas por la reforma tributaria aprobada y que sin duda son gravosas para los contribuyentes.

Además, es un período que se insinúa afectado por la sombra de las protestas callejeras. Muchos sectores de la sociedad han visto que les es rentable protestar y paralizar las ciudades y sus normales actividades, y que es de la única manera que el Gobierno Central los oye y les plantea soluciones. Nadie conoce los efectos de las múltiples manifestaciones realizadas el año pasado en todo el país.

En lo que tiene que ver con la economía, es un período que se muestra complejo, con un país creciendo por debajo o apenas cercano del 3%, la inflación con tendencia al alza, la tasa de cambio disparada, el desempleo nuevamente por los dos dígitos, la cartera vencida en los bancos peligrosamente alta y, lo más inquietante, sin mayores argumentos que permitan pensar que todo puede cambiar.

Ahora, en cuanto al orden público, la seguridad y el futuro del proceso de paz, esta es una calenda que se moverá entre la expectativa de su desarrollo y el rearme de un grupo importante de disidentes de las Farc; y las críticas de los que siguen pensando que lo que dejó amarrado el acuerdo de paz, no es bueno para el país. Esto con el agravante de las dudas que deja la jurisdicción de paz y la pérdida de credibilidad y confianza en la verdadera voluntad de muchos exguerrilleros de permanecer desmovilizados.

Ojalá todo mejore y con los días el país no solo vaya saliendo adelante en los retos que la vida institucional le trae; sino que esto sirva para consolidar la economía, recuperar la institucionalidad y aclimatar la paz.