El voto de los militares

El Representante a la Cámara por el Partido Centro Democrático, Ricardo Ferro, ha propuesto entregarles a los miembros de las Fuerzas Armadas la posibilidad de ejercer el derecho al voto mientras estén siendo parte activa de las correspondientes instituciones militares a las que pertenecen.

La propuesta que exigiría una reforma constitucional ha despertado, como era de esperarse, voces a favor y voces en contra. Hay quienes consideran que no hay razón para que un soldado o un policía no pueda participar en las elecciones nacionales o regionales y depositar su voto por la persona que les parezca la mejor para manejar el país o sus regiones.

Para el autor de la iniciativa darle a los policías y militares la posibilidad de participar en las grandes decisiones electorales del país, es “un paso fundamental en el camino hacia el sufragio universal” y que “si se habla de paz y de postconflicto, se puede hablar de voto en la fuerza pública”. Eso si, el representante Ferro ha hecho la salvedad que esto no significa darle a los miembros de las Fuerzas Armadas la autorización para participar en política.

Por otro lado, no pocos creen que permitirles a los militares votar, es romper una vieja tradición que hay en el país de una Fuerza Pública no deliberante y poner en peligro la objetividad e imparcialidad que sus miembros deben tener frente a la discusión de las grandes decisiones políticas nacionales.

En Colombia por mandato constitucional los miembros de la Fuerza Pública no pueden, desde la Constitución de 1930, votar y mucho menos participar en política. La razón que sustentó este principio, y que se conserva en la actual Carta Política, es que las Fuerzas Armadas no son deliberantes, es decir no pueden discutir el si o el no, o los puntos intermedios, de lo que se les manda.

Para muchos, modificando esto se corre el riesgo de que una orden de votar en determinado sentido del presidente de la República que es el Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas, o de un superior, pueda dirigir el voto de toda una institución hacia un determinado candidato o partido político, lo que por supuesto, distorsionaría la función del voto y la voluntad del sufragante.

Ahora, es cierto que votar no es deliberar, sin embargo, no parece bueno ni sano que unas personas que tienen una misión que está por encima de los partidos políticos y de quienes están en el poder, participen, así sea pasivamente, en decisiones que son eminentemente políticas y que, igual que favorecen a un grupo de ciudadanos, van en contra de otro sector de colombianos.