El Día de la Madre

Nos unimos al homenaje que la humanidad les tributa a ellas y oramos para que Dios las llene de gracia y les dé valor para seguir cumpliendo la sagrada misión que les ha confiado.

En medio de las limitaciones de comunicación física, de reunión y de celebración tradicional, impuestas por el aislamiento preventivo obligatorio decretado por el Gobierno para controlar el rápido crecimiento del contagio del coronavirus, el país celebra hoy el “Día de la Madre”.

Si hay alguna celebración justa de todas cuantas se realizan, es la de hoy. A pesar de que la recordación de ese Ser a quien, además de Dios, todos le debemos la vida y lo que somos, se debe hacer todos los días, porque así lo merece, es apenas natural que se haya apartado en el calendario una fecha especial para que los hijos recuerden a su progenitora y expresen sus sentimientos de cariño y gratitud.

Definir la Madre es sin duda una tarea difícil, porque decir en palabras lo que significa ese Ser para quien apenas acaba de venir al mundo, o para aquellos pequeños que empiezan a descubrir las cosas cotidianas, o para los que están en el proceso de formación, o para quienes ya van cumpliendo su ciclo y empiezan a sentir en su propia carne el indefinible proceso de la continuación de su sangre; es oficio, además de aventurado, muy subjetivo.

Tal vez por esto es por lo que cada niño, cada adulto y cada persona en general manifiestan el sentimiento que tienen por el Ser querido, en forma diferente. Hay quienes lo hacen silenciosamente, otros en comunión espiritual con los suyos, muchos más llenan de manifestaciones materiales a quien les dio la vida y no pocos convierten esta fecha en motivo de jolgorio y reunión de amigos que termina desdibujando el real significado de una conmemoración que tiene un profundo sentido.

Es cierto que se ha ido convirtiendo el Día de la Madre en una fiesta comercial en la que las manifestaciones puramente espirituales, han sido desplazadas por las expresiones materiales, hasta el punto que la celebración se ha reducido al vano obsequio de un regalo tangible e inexpresivo.

Por supuesto, no es malo que un hijo le regale a su madre algo material como expresión de un sentimiento hacia quien merece las mayores consideraciones, pero es bueno que se preserve el real símbolo de esta celebración y se mantenga alejado de las naturales presiones del comercio.

De cualquier manera, todo lo que se haga para hacer sentir bien a ese Ser tan especial y por demostrarle que ocupa un lugar de privilegio en el hogar y en la sociedad, es poco si se compara con lo que hace una madre por su hijo desde el propio momento de la concepción y con lo que es su misión en la tierra.

Por eso, hoy cuando se celebra el día consagrado a las Madres, nos unimos al homenaje que la humanidad les tributa a ellas, y oramos para que Dios las llene de gracia y les dé valor para seguir cumpliendo la sagrada misión que les ha confiado y ellas han realizado con dedicación, generosidad y amor inigualables.