Duele, pero este es un país de atenidos

Son tantos los subsidios que cada mes entrega el Estado a millones de colombianos, que ya ninguna persona quiere tener algo que le signifique un esfuerzo de cualquier tipo para conseguirlo.

No han sido pocos los rayos y centellas que le han llovido desde distintos sectores a la señora Vicepresidenta de la República a raíz de una reciente entrevista que concedió a un medio de comunicación y en la que invitó a los colombianos a dejar de ser atenidos y a poner un poco de su parte para salir adelante y superar la crisis en que nos ha envuelto el coronavirus.

Es cierto que la doctora Marta Lucía Ramírez no ha sido afortunada en algunas de sus intervenciones públicas o en las declaraciones concedidas a los medios de información. Por una u otra razón sus conceptos o expresiones han levantado la reacción de algunos sectores o ácidos comentarios de quienes han considerado que estuvo equivocada en sus apreciaciones, o que simplemente fue una torpeza lo que dijo; pero esta vez, aunque fue fuerte, creemos que tiene mucho de razón.

Este es un país que se ha acostumbrado, por culpa exclusivamente del propio gobierno, a vivir de la ayuda oficial. Son tantos los subsidios y beneficios que cada mes entrega el Estado a millones de colombianos, muchos sin merecerlos, que ya ninguna persona quiere tener algo que le signifique un esfuerzo de cualquier tipo para conseguirlo.

Qué persona va salir a trabajar o tiene interés de buscar un empleo si sabe que sentada en la casa haciendo nada, recibe el llamado subsidio de Familias en Acción, o Jóvenes en Acción, o el de Madres Cabeza de Familia, o el del Adulto Mayor, o el de Desplazados por la Violencia, o el de damnificados por cualquier desastre, y, además de eso, no le cobran los servicios públicos, le dan la educación a los hijos y les suministran el transporte y la alimentación; y como si todo esto fuera poco, tienen la salud básica a través del Sisbén.

En el país es común oír de una persona a quien se le ofrece un trabajo pagándole el salario mínimo legal, decir que no le interesa, porque si se coloca pierde el Sisbén y con él todo el montón de beneficios que el Estado le entrega a muchos de quienes, a nuestro juicio, son unos atenidos que todo lo quieren sin hacer esfuerzo.

Si algún sector de la población ha estado dirigidas las ayudas oficiales en estos días de encierro y de crisis, es a los estratos más bajos y a las personas y familias que están registradas en el Sisben y que son las mismas que toda la vida han recibido ayuda estatal. A ellas se les está devolviendo el IVA, se les dobló la cifra de Familias en Acción, se les aumentó el subsidio a los ancianos, no se les están cobrando el agua ni la energía y para completar se les ha entregado millones de mercados.

Increíblemente nada de esto es suficiente y como todo lo esperan regalado del Gobierno, lo más fácil entonces, para exigir a lo que creen tener derecho sin hacer el mínimo esfuerzo, es salir a las calles a protestar, bloquear las vías, romper las vitrinas de los supermercados y saquearlos.

El país espera, por supuesto, que el Gobierno lo apoye en este momento de encierro, de caída de la economía y de incertidumbre; pero una cosa es una ayuda en créditos blandos, en menos impuestos, en beneficios tributarios, en apoyo para mantener el empleo y en algunos subsidios a la población más necesitada, y otra bien distinta atenerse a que el Estado le pague todo y le lleve todo a la casa.