Días para la reflexión

Nada más propicio para la reflexión y la reconciliación que estos días en que se rememora la muerte de Jesús y el ofrecimiento que Él hizo de su vida para la redención de todos.

Un llamado a la solidaridad con los afectados por el virus, a la reconciliación, a la comprensión, al perdón, a la generosidad y a la preservación del proceso de paz, fue el común denominador en los mensajes que todos los obispos y sacerdotes del país enviaron el pasado domingo a los colombianos con motivo del inicio de la Semana Santa.

Todos los jerarcas de la Iglesia Católica aprovecharon la transmisión, por los distintos medios digitales, de la Eucaristía y la bendición de los ramos, para llamar a la reflexión sobre el momento que vive Colombia, el grave problema de salud, su profunda polarización política, el deseo de algunos de echar por tierra el proceso de paz e invitar a las víctimas de la guerra a despojarse de los odios naturales que esta ha dejado durante tantos años de sufrimiento y de dolor, a actuar con sinceridad y buscar un mecanismo de reconciliación donde prime el perdón y el amor para hacer posible dejar atrás los resentimientos, y poder recuperar la concordia y la tranquilidad nacional.

Y nada más propicio para la reflexión y la reconciliación que estos días en que se rememora la muerte de Jesús y el ofrecimiento que Él hizo de su vida para la redención de los hombres, y que hay que vivirlos obligatoriamente en casa y en familia. Una época que invita a deponer los odios, a perdonar, a entender al prójimo, a reflexionar sobre la razón de ser de nuestras acciones, a corregir el camino que hemos escogido y a buscar el entendimiento con los demás.

Por eso, es tan oportuno el llamado que hace la Iglesia a todos los colombianos para que dediquen estos días de la Semana Santa en aislamiento, a pensar en lo que han hecho, en el mal que muchos le han causado a Colombia, en el dolor que les han producido a miles de personas y en el valor que tiene corregir el camino, pedir perdón, buscar la reconciliación, tratar de resarcir a las víctimas y hacer una vida corriente y en sociedad.

Un ejercicio de mirar en la tranquilidad de los hogares hacia nosotros mismos, de revisar nuestras acciones y de entender más a los demás, estamos seguros, mucho serviría para descargar los espíritus, para deponer los odios, para perdonar a los contradictores, para zanjar las diferencias políticas, para buscar la reconciliación entre todos los colombianos y para hacer borrón y cuenta nueva en una sociedad que necesita mucho más de comprensión, de solidaridad, de generosidad y de respeto por los demás.

Ojalá, las palabras y los mensajes de los jerarcas de la Iglesia, escuchados desde lejos, lleguen, pues, a quienes transitaron el camino de la violencia y el delito por mucho tiempo, y decidieron dejar ese sendero, y los anime a hacer un verdadero propósito de enmienda, de arrepentimiento y de iniciar una nueva vida; a quienes todavía persisten en la guerra y la confrontación, y desde la ilegalidad pretender cambiar el país; para que entiendan que esa no es la vía, ni la forma de disentir; y, por supuesto, a quienes fueron sus víctimas, para que depongan toda clase de odios y los perdonen con toda sinceridad.