Con el pecado y sin el género

Lo cuestionable es que el Presidente se haya empeñado en satanizar un modelo con el que ha funcionado el país por años, para terminar dándole la razón a los que apostaron que esa pelea la perdería…

Exactamente dieciocho meses le duró al presidente su anunciada y tan promocionad política de cero mermelada durante su gobierno. Por más que se resistió a hablar de canje de favores y de cuotas partidistas a cambio de votos en el Congreso para sus iniciativas más importantes, terminó cediendo ante la necesidad de una mayor gobernabilidad, de un trámite menos tortuoso para aquellos proyectos que tanto necesita el país y de un más fuerte respaldo político para los acuerdos a los que necesariamente se deberán llegar para apaciguar los ánimos y sosegar las exaltadas y envalentonadas protestas sociales.

Así quedó demostrado con la designación de los nuevos ministros de Agricultura, Trabajo y Seguridad Social y Salud. Ellos representan claramente los partidos Cambio Radical, La U y Conservador, las tres bancadas más fuertes en el Congreso después de la de gobierno, y con las cuales el Presidente asegura la aprobación de reformas tan necesarias como la pensional, la política, la laboral y la de la justicia.

Por supuesto, esto no es absolutamente malo. En todas las democracias del mundo los partidos que apoyan al gobierno y participan de sus decisiones más importantes, tienen personas cercanas y que los interpretan en los cargos de más alta responsabilidad dentro del Ejecutivo, más si, como en este caso, los escogidos son todos profesionales idóneos, serios y con todos los méritos y capacidades para desempeñar los altos cargos.

Lo cuestionable aquí es que el presidente Duque se haya empeñado en satanizar un modelo de gobierno que no es el óptimo, pero que es con el que ha funcionado el país durante muchos años y que, está demostrado, no es fácil de cambiar y menos de la noche a la mañana; para terminar cediendo y dándole la razón a los que apostaron que esa pelea la perdería, sobre todo, sufriendo reveses importantes para el Gobierno y perdiendo un tiempo valioso en iniciativas que son urgentes para el país, para la democracia y para los colombianos.

Cuánto se hubiera ahorrado en tiempo y en oportunidad el Gobierno con proyectos como la reforma pensional y laboral, o la propia Ley de Financiamiento, si se hubiera tenido en el Congreso un respaldo de los partidos que ahora tienen participación política o inclusive un ambiente más amigable; con seguridad hoy el país tendría ya aprobadas estas y otras iniciativas fundamentales para la democracia, la igualdad social y el crecimiento económico.

Como se dice en el argot popular, el Presidente se quedó con el pecado y sin el género. Con el pecado, porque tuvo que dar el brazo a torcer en su propósito de cero mermelada y entregarle algunos ministerios y se irá sabiendo qué otras cosas, a algunos partidos políticos; y sin el género, porque perdió casi la mitad de su período para sacar adelante las iniciativas que ha prometido varias veces y que le permitan recuperar un poco la pésima percepción que tiene entre los colombianos del común.