Cese, pero sin condiciones

Lo que debió hacer el Eln fue decretar un cese al fuego sin advertencias ni condiciones, para tratar de recuperar una confianza que está en cero desde el atentado terrorista de hace un año.

Desde ayer primero y hasta el 30 de este mes, el Eln decretó en todo el territorio nacional lo que ellos han llamado un cese el fuego activo, es decir que pueden responder a los ataques de la fuerza pública, de los paramilitares y de las bandas de narcotraficantes; todo en consideración a la situación que vive el país producto de virus que se ha regado de manera incontrolada por todo el planeta.

De haber sido un ofrecimiento sin condiciones y sin segundas intenciones, estamos seguros que todos los colombianos lo hubieran agradecido, porque si bien una muy buena parte de la población está resguardada por efectos del aislamiento obligatorio y por tanto menos propensa a los embates de la guerrilla, un oasis en la situación de amenaza que muchos colombianos viven permanentemente, es un alivio a las difíciles condiciones en que el coronavirus ha puesto al país y especialmente a las comunidades afectadas por la presencia de los grupos armados ilegales.

Sin embargo, el Eln primero advirtió que el cese que deja la posibilidad, a su criterio, de actuar, de hostigar a la población civil victima de sus acciones armadas y de cometer todas las barbaries que ya se le conocen, y segundo, le añade a su anuncio una solicitud de reunión del Gobierno con sus delegados en los suspendidos diálogos de paz, pero no un encuentro cualquiera, sino uno lleno de condiciones y de exigencias.

El Eln hace su solicitud de diálogo amarrado a quince exigencias que van desde que el sitio de reunión sea La Habana y que en ella debe haber presencia de los países garantes, hasta toda clase de peticiones de carácter económico y social que están bien para el final de un proceso de diálogos, pero que no tienen sentido cuando apenas se está haciendo un gesto que ni siquiera está claro, ni genera confianza en los colombianos.

Lo que debió haber hecho el Eln fue decretar un cese el fuego sin ninguna advertencia y sin ninguna condición, y por supuesto cumplirlo para tratar de recuperar una confianza que está en cero entre los colombianos por su poca voluntad manifestada en los diálogos de Cuba y desde el macabro atentado terrorista cometido contra la Escuela de Policía General Santander en Bogotá en enero del año pasado y que dejó 22 cadetes muertos y 66 heridos; en vez de hacer exigencias y poner condiciones odiosas.

De todas maneras, cualquier tregua armada es buena para unos colombianos que no han tenido un solo día de paz y a los que tal vez el aislamiento obligatorio les trae más tranquilidad y paz, y la celebramos por ellos; pero en las condiciones que lo ha hecho el Eln no alientan muchas esperanzas de que esto sea un verdadero gesto humanitario y un mensaje de real voluntad de querer buscar la paz para todos los colombianos.