Agoniza el 2019

Ya no queda más que esperar que en el 2020 todos los males que aquejaron al país se superen y sean reemplazados por momentos de prosperidad para todos.

Termina hoy el 2019, una calenda que como pocas en el último tiempo estuvo rodeada de toda clase de sucesos que la hicieron muy singular en la vida nacional, tanto desde el punto de vista económico, como político, como de orden público, como institucional y claro está, en el desarrollo del acuerdo de paz con las Farc.

Además, fue un año que se debatió entre los esfuerzos del Gobierno para tratar, de un lado cambiar algunos puntos del acuerdo de paz y los compromisos adquiridos con los exjefes guerrilleros; y del otro, impulsar en el Congreso las iniciativas que permitan sacar al país de las dificultades que lo perturban, del desequilibrio fiscal que en está inmerso y de la crisis institucional en que lo han dejado los escándalos de corrupción que han salpican por igual al Ejecutivo, a las Altas Cortes, al Legislativo y a las más importantes entidades del Estado.

Difícilmente el país volverá a vivir una época en la que nada se escapa al desprestigio de sus instituciones, a la desconfianza de los colombianos en sus gobernantes, a la incredulidad en la justicia, a la incertidumbre sobre el desarrollo del proceso de paz y a la desesperanza en lo que pueda hacer el actual gobierno.

De otro lado, fue un período esquivo en sus resultados económicos. Una economía que termina creciendo por debajo del 3%, una inflación que, si bien va a estar cercana a la del año anterior, tiene la grave amenaza de los efectos de las marchas ciudadanas; una tasa de cambio por las nubes; un desempleo otra vez creciendo; las marchas y los paros al orden del día y los balances del sector privado en sus cifras más desesperanzadoras.

En lo que tiene que ver con orden público, si bien el acuerdo con las Farc permitió una disminución en los hechos violentos en algunas zonas del país, en otras la violencia se ha recrudecido por cuenta de los grupos disidentes; y otros delitos como el huerto, el robo de vehículos y autopartes, la violencia intrafamiliar y las violaciones, se dispararon. Y la lucha contra las organizaciones dedicadas a la siembra, cultivo, elaboración y comercialización de sustancias ilegales, no ha arrojado los resultados que se habían anunciado.

Ahora, en el campo legislativo, el balance es muy pobre. El Congreso dedicó todo su tiempo a cobrarle al Gobierno su desprecio por la clase política y su negativa a discutir con los partidos sus principales iniciativas. Por eso, al final el balance es tan pobre y el tiempo perdido en enfrentamientos entre los congresistas afectos al Ejecutivo y los de la oposición, no dejó avanzar en iniciativas y reformas que con urgencia está necesitando el país.

Por supuesto, en medio de toda esta inquietante situación, hay algunas cosas buenas. Un gobierno que insiste en no ceder al intercambio de puestos por votos en el Congreso, muchas familias recibieron del Estado ayuda para su vivienda, las grandes obras de infraestructura avanzaron positivamente, muchas víctimas del conflicto fueron reparadas, crecieron las exportaciones, la tasa de interés se mantiene baja y algunos de nuestros más representativos deportistas le dieron al país históricos triunfos.

Ya no queda más, pues, que esperar que en el 2020 todos los males que aquejaron al país este año, se superen y sean reemplazados por momentos de prosperidad para la economía, de reconciliación entre los colombianos, de consolidación de la paz y de verdad y justicia con quienes han sido inferiores a sus responsabilidades.