Lo peor es que hoy alrededor del Deportivo Pereira solo hay incertidumbre. Nadie sabe que va a pasar con el equipo el resto del año y, si se quiere, el año entrante.
Finalizada la llamada Liga del Fútbol Profesional Colombiano, el balance para el equipo de la ciudad no puede ser más doloroso. Terminó en el último lugar de la tabla de posiciones, con más de una docena de fechas seguidas sin ganar y de no haber sido por el triunfo inesperado y medio inexplicable en la última fecha frente al Atlético Nacional, el cuadro que terminó primero y con los mejores resultados, el cierre hubiera sido estruendoso y vergonzoso.
Pero además de los pésimos resultados deportivos que nadie puede cuestionar porque están en cifras y representados en la tabla de posiciones, el Deportivo Pereira vive una situación administrativa, jurídica y laboral irregular. Intervenido por la Superintendencia, con el Ministerio de Trabajo revisando su situación con los jugadores y lleno de compromisos insolubles con sus acreedores.
Adicionalmente, el equipo camina como judio errante. Terminó el campeonato jugando en la lejana población de Yopal donde si bien es cierto que fue recibido con alegría y amplias manifestaciones de apoyo, estaba lejos de su afición, esa fuerza invisible que hace crecer y dar todo lo que se tiene a los equipos de fútbol, de los colores que lo han arropado durante más de 70 años y de su templo donde ha logrado victorias épicas e inolvidables.
Lo peor es que hoy alrededor del Deportivo Pereira solo hay incertidumbre. Nadie sabe que va a pasar con el equipo el resto del año y, si se quiere, el año entrante. Solo especulaciones hay sobre si cuando esté listo el estadio Hernán Ramírez y en condiciones de recibirlo, va a regresar a Pereira o si se va a quedar definitivamente jugando en el Casanare.
Todo esto en medio del acostumbrado hermetismo del señor López, empujado seguramente ahora por las voces, muchas de ellas altisonantes, que lo cuestionan, que lo tratan de delincuente y que lo señalan como el único responsable de la debacle y de buscar solo beneficios económicos y personales.
Ya el daño deportivo está hecho. Ya el equipo está ad portas de caer a la segunda división con todas las consecuencias no económicas pero sí de imagen para la propia institución matecaña y para la ciudad, ya lastimó los colores de la ciudad y ya quedó mal ante sus afición y ante el país. Ahora es el momento de intentar reconstruir un equipo, una imagen, una afición y un prestigio deportivo.
Hay que aprovechar estos días, primero que está en receso el fútbol profesional y que los equipos están en los días de evaluación de los resultados y de analizar los ajustes para enfrentar el torneo de fin de año; y segundo, que todo el interés deportivo y la afición está volcado hacia el mundial que debe empezar el mes entrante; para buscarle la mejor salida a la situación del Deportivo Pereira. Es un buen buen espacio para pensar con cabeza fría y entre todas las partes, tratar de buscar la mejor solución para el equipo de la ciudad.