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viernes, junio 21, 2024

Solo genera inquietudes

El acuerdo en vez de ser un elemento que abra una esperanza en la búsqueda de la paz, lo que está haciendo es alimentando mil inquietudes sobre la real voluntad de respetar las instituciones.
Con toda razón el anunciado acuerdo firmado el pasado sábado entre los delegados del Gobierno Nacional y los representantes del Eln en la llamada mesa de diálogos, ha generado toda clase de comentarios y la postura en favor y en contra por parte de destacados líderes políticos, gremiales y empresariales del país.
En lo que parece coincidir la mayoría es en que es la primera vez, independiente del contenido de lo acordado y de sus implicaciones para el país y sus instituciones, que el grupo guerrillero llega a un acuerdo formal con el Gobierno sobre algún tema y que en este caso es el de un marco metodológico para la consulta de la sociedad civil, que ha sido un asunto históricamente recurrente del Eln.
Adicionalmente a este avance no logrado anteriormente hasta ahora, los diferentes actores piensan que el acuerdo le quita un poco de presión al cruce de mensajes entre miembros de las dos delegaciones y especialmente a la reciente postura del Eln en el sentido de que reanudará los secuestros extorsivos como manera de financiar sus actividades terroristas.
Sin embargo, la poca claridad del texto del acuerdo que se conoció deja inmensas preocupaciones por su vaguedad, por la manera de tocar los puntos y los temas más trascendentales y especialmente por las dudas que quedan flotando sobre la manera como se cumpliría lo acordado.
Inquieta por ejemplo, que el texto no diga con la claridad que el asunto exige, la manera como se van a surtir los procesos de consulta a la sociedad civil, lo que deja en el ambiente la sensación de que el acuerdo no incluye el compromiso de adelantar los cambios acordados conforme a los procedimientos establecidos en la Constitución y la ley actuales.
Esto animado por las permanentes referencias del presidente Petro a la convocatoria de una asamblea nacional constituyente o a un referendo, según sus últimas alusiones, consultado solo el querer del pueblo y omitiendo cualquier injerencia o participación tanto del Congreso como de la Corte Constitucional.
Preocupa no menos también, precisamente por la falta de claridad del texto, el carácter vinculante que puedan tener los acuerdos a que lleguen las partes en el proceso, bajo la premisa de que “las partes adquieren el compromiso de impulsar y lograr las transformaciones” que se lleguen a acordar.
El acuerdo con el Eln, pues, en vez de ser un elemento que le abra al país una esperanza de ir encontrando el camino que lleve a mermar la violencia y avanzar en la búsqueda de la paz, lo que está haciendo es alimentando mil inquietudes sobre la real voluntad del gobierno de respetar las actuales instituciones, máxime cuando se habla de plantear cambios en el modelo económico y en el régimen político que son la base fundamental de la estructura del Estado.

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