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lunes, diciembre 5, 2022

Se necesita una alternativa

Mientras la Ciudad avanza positivamente en la recuperación del empleo perdido por causa de la pandemia y sus nocivos efectos en la economía de la región, y en la disminución de la desocupación; la inflación sigue desbocada y pone a Pereira y su área metropolitana en la lista de las capitales más caras del país.

Por supuesto que los datos que acaba de entregar el DANE en materia de empleo son refrescantes y confirman el restablecimiento de la dinámica económica que tradicionalmente ha tenido la Ciudad y abren una ventana de tranquilidad sobre el futuro inmediato de la economía de la región.

Cuando el empleo crece, cuando las empresas y los negocios están no solamente manteniendo su nómina de trabajadores, sino generando nuevos empleos, es porque su situación económica está avanzando, porque está vendiendo más y necesita producir más, y porque el mercado está creciendo.

Lamentablemente el otro lado de la moneda no se presenta tan halagador. La inflación, claro está, no es un fenómeno exclusivamente local, sino que está afectando a todo el país; pero cuando el costo de los artículos de primera necesidad se salen de madre, sí se convierte en un problema que toca directamente el bolsillo de los pereiranos y risaraldenses.

Según el reciente informe del  DANE, el Índice de Precios al Consumidor en Pereira, en el mes de septiembre que acaba de terminar, estuvo casi un punto porcentual por encima del promedio nacional, lo que coloca a la Ciudad entre las más altas del país y la segunda, después de Armenia, del Eje Cafetero.

Empujado por los alimentos y bebidas no alcohólicas, por el alojamiento y los restaurantes, y por los bienes y servicios para el hogar, la inflación alcanzó niveles que, tanto en el país como en la Ciudad, no se veían desde la década de los noventa cuando la recesión impulsada por las altas tasas del crédito, llevó al IPC a niveles parecidos a los de hoy.

Lo más preocupante de esto es que el único remedio que parecen estar aplicándole las autoridades monetarias a la reciente escalada inflacionaria, no esta surtiendo los efectos que había anunciado el Gobierno y que se esperaban, en cambio sí está generando un devastador efecto en el costo del crédito y consecuentemente en la inversión.

Y todo con un preocupante agravante y es que el sector de la población más golpeado con la alta inflación es el grupo de personas más vulnerables que es al que más le pesa el componente alimentos dentro de la Canasta Familiar. Mientras, según el DANE, en las personas con altos ingresos la variación anual de la inflación fue de 9.8%, para el grupo más pobre fue del 13.39%.

Es urgente entonces, que el Gobierno y el Banco de la República busquen una alternativa  a seguir elevando la tasa de interés para contener la inflación, porque de lo contrario la que va a terminar afectada es la inversión y consecuentemente el empleo, que, en medio de tantos  factores negativos que se ciernen sobre la economía, es lo único que se está salvando.

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