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Pereira
domingo, febrero 5, 2023

Se acaba la confianza 

El pereirano tradicionalmente abierto, amistoso y generoso con quienes llegan a la Ciudad en cualquier plan y por supuesto con sus propios coterráneos, parece que cada día no solamente lo es menos, sino que se ha vuelto distante, desconfiado y parco. Así lo demuestran los resultados de la última Encuesta Pulso Social publicada recientemente.

Según este estudio, ocho de cada diez pereiranos y habitantes del Área Metropolitana encuestados dijeron que no confían nada en las personas desconocidas y únicamente el 1% dijo confiar en los desconocidos. De otro lado al consultarse sobre los extranjeros y especialmente sobre los venezolanos llegados a la ciudad, dos de cada tres respondieron que no confiaban en ellos.

Esta prevención con las personas forasteras cambia sustancialmente cuando se pregunta por los vecinos o por quienes comparten por alguna razón alguna actividad. En este sentido, seis de cada diez consultados respondieron que confían en las personas con quienes comparten vecindario, o el trabajo, o la práctica de un deporte. 

Ahora, lo que no parece tener atenuante, es la percepción que tienen los ciudadanos de los políticos aquí y en todas partes del país. Nueve de cada diez personas encuestadas, respondieron que no confían en nada o muy poco en los dirigentes políticos. Esta es la misma percepción que tienen los habitantes de las 23 ciudades capitales más importantes del país.

Sostienen los estudiosos del tema que la pandemia disparó algunos delitos como el hurto, el atraco y la extorsión, y que la inseguridad que genera esto ha hecho que se pierda la confianza en las personas que no se conocen o con quienes no se tiene una relación de cualquier tipo, o que son miembros de una comunidad que se tenga estigmatizada. 

En Pereira y el Área Metropolitana, por ejemplo, la creciente participación de personas de nacionalidad venezolana en toda clase de delitos ha hecho que haya aumentado considerablemente y de alguna manera injustamente, la prevención de los ciudadanos con las personas venidas de ese país. 

De todas maneras, si bien los pereiranos siguen confiando en sus vecinos y en sus compañeros de trabajo, o de hacer deporte, o de recreación, esa apertura y servicialidad tan proverbial en la gente de esta tierra, se ha ido perdiendo cada vez más y en su defecto ha ido apareciendo un sentimiento de desconfianza que deshonra la tradición de amabilidad, de amistad y de generosidad de la gente de esta tierra.

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