26.4 C
Pereira
martes, agosto 16, 2022

Rotundo fracaso

No pudo ser mayor el fracaso de la convocatoria realizada por algunos grupos comunitarios y personas indeterminadas para celebrar un año del inicio de las jornadas de protesta que terminaron con el peor atentado que se le hay hecho a la Ciudad, al comercio, a las entidades públicas, a los bienes que son de todos y a los propios pereiranos, en toda su historia reciente.

A pesar de los insistentes mensajes de los organizadores, de las sugestivas invitaciones a participar y de la avalancha de publicidad por las redes sociales, apenas unos pocos jóvenes y uno que otro integrante de algunas organizaciones sindicales, desfilaron solitaria y desorganizadamente por las principales calles de la Ciudad.

Igual sucedió con los supuestos estudiantes de la Universidad Tecnológica que salieron de la sede de la institución y caminaron con rumbo a la Plaza de Bolívar donde se había anunciado se realizaría la concentración de todos los manifestantes y los actos de conmemoración de la salvaje arremetida de año pasado, y que si acaso reunió 150 o 200 personas.

Sin embargo, como ocurre siempre con esta clase de marchas y concentraciones públicas, al final de la tarde y cuando ya los marchantes terminaban sus actos de conmemoración, aparecieron unos cuantos vándalos que palos y piedras en mano empezaron a atacar principalmente a las edificaciones públicas, al comercio y a algunas sedes y vitrinas de entidades privadas.

Estos delincuentes, por fortuna no muchos, recorrieron las calles de la Ciudad atacando los bienes públicos y dejando mensajes grotescos en las paredes y en las fachadas de los negocios; vandalizaron algunas estaciones del transporte público y la emprendieron contra la gobernación, con los mismos adoquines que arrancaron del Parque Olaya.

Pero lo más doloroso de todo es ver como unos pocos salvajes destruyen los edificios públicos, desmantelan los parques, saquean el comercio y destruyen vitrinas y negocios, y la Fuerza Pública solo mira, como lo muestran algunos videos que llegaron a los correos de este periódico, y no hace absolutamente nada para impedirlo.

Porque es entendible que enfrentar, aunque esa es su obligación constitucional, una turba de miles de personas puede convertirse en una guerra campal con resultados insospechados; pero  imponer orden e impedir que unos pocos vándalos desmantelen las plazas y andenes, y destruyan lo que es de todos, no es difícil.

De todas maneras, la anunicada conmemoración de los días dolorosos  que vivió la Ciudad y el país hace un año, resultó un rotundo fracaso. Muy escazos participantes en cantidad y representatividad, cero mistica, ninguna organización, muy pocos argumentos y en cambio si vandalismo puro, terrorismo del peor y ataques aleves a lo que es de todos.

Artículo anterior¡Qué miedo!
Artículo siguienteBuenas noticias para Risaralda

Para estar informado

- Advertisement -
- Advertisement -

Te puede interesar

- Advertisement -