Respeto, prudencia y vocación patriótica

El país necesita que en una segunda vuelta, exista un mínimo de entendimiento para enfrentar con cohesión a la opción de izquierda.

A pocas horas de la primera vuelta de las elecciones presidenciales, el país está en un momento decisivo no solo por lo que se elige en las urnas, sino por la forma en que se está transitando este último tramo de la campaña. La democracia no se mide únicamente en votos, sino también en el respeto que rodea su ejercicio.

En las últimas semanas, el tono del debate ha derivado con preocupante frecuencia hacia la descalificación personal, el agravio y la polarización estéril. Esta actitud no fortalece a ningún candidato ni enriquece la deliberación, por el contrario, erosiona el ambiente electoral.

Es urgente que todas las campañas hagan un alto y entiendan que el cierre del proceso debe estar marcado por la altura. Convocar, proponer y persuadir con argumentos debería ser la única estrategia legítima en una democracia que aspira a consolidarse.

Particular responsabilidad recae sobre los candidatos que tienen propósitos similares, quienes han caído en disputas innecesarias que, lejos de fortalecerlos, fragmentan sus posibilidades. La contienda no puede convertirse en una competencia de agravios entre quienes comparten visiones comunes.

No tiene sentido político ni estratégico que en el afán de diferenciarse, se crucen líneas de respeto que luego resultaran difíciles de recomponer. La segunda vuelta exige, por definición, la capacidad de construir alianzas y sumar voluntades.

Por ello, más que atacarse entre sí, estos sectores deberían concentrarse en invitar a los ciudadanos a votar por sus propuestas, con claridad y sin estridencias. La firmeza en las ideas no es incompatible con la mesura en el lenguaje.

El país necesita que, llegado el momento de una muy posible segunda vuelta, exista un terreno mínimo de entendimiento que permita enfrentar con cohesión a la opción de izquierda. Ese propósito se hace inviable si hoy se siembran divisiones profundas.

Colombia merece opciones que eleven el debate, no que lo degraden. El llamado es claro, respeto, prudencia, visión de futuro y vocación patriótica . Pasar a una segunda vuelta no puede significar perder la posibilidad de gobernar con otros ni cerrar las puertas del diálogo nacional.

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