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miércoles, noviembre 30, 2022

!Qué esperanza!

Qué esperanza tienen hoy los colombianos de que la Fuerza Pública proteja sus vidas y sus bienes, si los policías deben ser “discretos” y ver las manifestaciones desde las ventanas.

La vergonzosa actuación, o mejor no actuación, de la Policía Nacional el pasado jueves en Bogotá frente a la arremetida salvaje de una horda de mujeres contra la Catedral Primada de Colombia, las estaciones de TransMilenio, los establecimientos comerciales, las entidades financieras y los entes públicos, parece ser la confirmación de lo que será en adelante el papel de la Fuerza Pública en la protección de la vida, los bienes y la honra de los colombianos.

Según los videos que circularon por todas las plataformas digitales, la Policía permaneció “escondida” a pesar de los llamados insistentes de la ciudadanía y de los propios afectados, mientras los vándalos acababan con el transporte público, saqueaban el comercio, horadaban los templos y destruían las oficinas públicas.

Hasta la propia alcaldesa de Bogotá, molesta ante semejante proceder y un video que le envió el Comandante de la Policía de Bogotá, se preguntó públicamente ¿”por qué, en vez de grabar, no aplicaron el protocolo distrital y la ley”? Y agregó, ¿acaso “tienen la orden de su mando nacional de dejar hacer y dejar pasar”?

De acuerdo con el protocolo expedido el pasado 25 de septiembre por la Dirección de la Policía, en cumplimiento de los lineamientos dados por el nuevo gobierno, los uniformados deben ser “discretos” y mantener distancia de los manifestantes, además de que les queda prohibido defenderse en caso de ser ofendidos verbalmente, pues “prima el derecho a la manifestación sobre el buen nombre”.

Qué esperanza tienen hoy los colombianos de que la Fuerza Pública proteja sus vidas y sus bienes, si los policías deben ser “discretos” y ver las manifestaciones desde las ventanas de la institución.

No habrá más alternativa que, o resignarse a ver que los vándalos y mercenarios, autorizados por el propio gobierno y amparados por las nuevas directrices, destruyan sus establecimientos, saquen sus negocios o invadan sus propiedades; u organizarse y protegerse individual y colectivamente de las hordas salvajes.

Ya importantes dirigentes gremiales le han notificado al Gobierno Nacional que no pararán en su propósito de organizarse civilmente para defenderse de las vías de hecho de quienes, valiéndose, de un lado del respaldo oficial y del otro, de la desaparición de la Fuerza Púbica, han intentado tomarse lo que no es de ellos; y para hacer valer sus derechos.

Pésimo mensaje, pues, el que acaba de enviar la Policía a los colombianos y que deja un interrogante que nadie sabe como puede terminar resolviéndose. Es probable que el Arzobispo de Bogotá no sea de los que sale a la puerta a defender su iglesia; pero ¿qué va a pasar el día en que los dueños de los establecimientos comerciales, en ausencia de la Policía, salgan armados, como los propietarios del Cauca, a defender lo propio, y quién correrá con la responsabilidad?

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