¡Que desilusión!

Desilusión es lo mínimo que produce el anuncio del Instituto Nacional de Vías del cierre casi que completamente y por un tiempo indefinido de la vía entre Calarcá y Cajamarca, por problemas de inestabilidad de las laderas en varios puntos del trayecto y como medida preventiva de seguridad para los viajeros.

Por supuesto, las fallas que se han venido presentando en los últimos días y que han obligado al cierre total para los vehículos particulares y las motos, y parcial para los vehículos de carga y de transporte publico de pasajeros, nada tienen que ver con el recién inaugurado Túnel de La Línea; pero no deja de ser una decepción hacer semejante bulla como la que se hizo inaugurando una obra que de nada sirve mientras el resto de la vía permanezca como está.

Aunque el Gobierno Nacional si dijo cuando iba a dar apertura que el Túnel de la Línea era apenas uno de los 18 túneles que se están construyendo y que componen el proyecto total Calarcá – Cajamarca, hoy parece haber sido un exageración anunciar con por lo menos seis meses de anticipación la inauguración y hacer semejante despliegue logístico y de medios, incluyendo la gigantesca placa que hubo que quitar a los pocos días, de una obra inconclusa y, sobre todo, que en el resto no ofrecía ninguna seguridad para los usuarios.

En qué hubiera quedado el Gobierno, empezando por el presidente Duque, si el deslizamiento de los 75.000 metros cúbicos que ocurrieron la semana pasada y que obligaron al cierre total de la vía, hubiera sucedido la víspera del fastuoso acto, con seguridad que el ridículo hubiera sido majestuoso.

Qué sentido tiene, distinto a satisface la vanidad de cortar una cinta y destapar una placa donde aparezca en grandes caracteres su nombre, inaugurar una obra que no está completamente terminada o, como en este caso, que apenas es una porción del proyecto y por tanto no trae los beneficios que tanto se anuncian y ponderan.

De qué sirve, por ejemplo, la billonaria inversión que se hizo en el Túnel de La Línea, si a los pocos metros de su boca de salida hay 75.000 metros cúbicos de montaña tapando la vía y a lo largo de todo el recorrido un riesgo permanente de venirse abajo la ladera y no solo obstruir el tráfico sino sepultar vehículos y gente que transite en el momento por allí.

Se dirá que es la obra más importante del proyecto y que es un avance muy significativo en el mismo, y es cierto, pero eso no explica y menos justifica semejante parafernalia para inaugurar, con placa incluida, una obra que, como ha quedado demostrado esta semana, de nada sirve mientras toda no este completamente terminada, incluyendo la corrección de los riesgos en los taludes.

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