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domingo, junio 26, 2022

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Los dueños y trabajadores de los restaurantes, discotecas, bares y en general establecimiento de diversión de Pereira y Dosquebradas, han salido a las calles a protestar por las nuevas medidas restrictivas adoptadas por las autoridades locales y departamental, y anunciado que de no modificarse irán a una huelga de hambre al frente de la gobernación.

Sostienen los empresarios y empleados del sector del entretenimiento que el toque de queda y la ley seca impuesto por el gobierno departamental, ponen en riesgo la reactivación de la economía regional, la permanencia de cientos de negocios y la sostenibilidad de cerca de 10.000 puestos de trabajo.

Argumentan además los marchantes, que se equivocan las autoridades cuando descargan toda la responsabilidad del crecimiento de los contagios y las muertes en los establecimientos nocturnos, porque, de un lado ellos han sido juiciosos en la observancia de todas las medidas de bioseguridad ordenadas por las autoridades de salud, y del otro, la transmisión del virus también está, y si se quiere más, en el transporte publico, en las aglomeraciones de las calles, en las montoneras de la Plaza de Bolívar y en muchas otras partes.

Claro que tienen razón los dueños de los establecimientos nocturnos cuando dicen que la restricción de los horarios de funcionamiento de sus negocios los perjudica seriamente y que puede poner en riesgo su estabilidad y la de los puestos de trabajo que genera. Obviamente cualquier recorte en una actividad que es básicamente nocturna, afecta económicamente el sector; pero en lo que no tienen razón es en comparar los riesgos de transmisión del virus y en sus directas repercusiones en las Unidades de Cuidados Intensivos de los hospitales, de sus negocios, con los que producen las aglomeraciones en el Megabus y en los sitios públicos de la ciudad.

Estas por supuesto, facilitan el contagio del coronavirus como lo hacen también los bares, restaurantes y discotecas; pero olvidan los manifestantes que el consumo de licor es un disparador, que no lo hace las montoneras del transporte público ni de las calles, de las riñas y de los accidentes de tránsito, y que los heridos producto de estos hechos son los primeros competidores de las camas y las UCI disponibles en los clínicas y hospitales para atender los enfermos por Covid.

La permanencia de establecimientos de diversión y en especial la autorización para que puedan continuar con sus actividades, es importante, claro está, para la reactivación de la economía de nuestras ciudades; pero hay que entender que hay actividades como la del entretenimiento que ayudan a copar la capacidad de los centros hospitalarios del departamento para la atención de enfermos en estado crítico, lo que pone en emergencia el sistema de salud, como hoy lo está Medellín y Barraquilla y otras ciudades, y por tanto que tienen la obligación de entender la situación y contribuir a que el departamento no corra la suerte que hoy corren varias ciudades del país.

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