Señor Presidente, el epicentro de esta tragedia no fue Cali, ni el Chocó, ni Manizales, fue Pereira. Lo dicen las cifras y lo muestran sus calles, sus edificios destruidos y sus familias golpeadas.
Tres semanas después de la tragedia que golpeó con particular dureza a Pereira y a Risaralda, la ciudad empieza a preguntarse cuánto más tendrá que esperar para recibir la ayuda efectiva del Gobierno Nacional. Aquí ya no se necesitan más anuncios, ni discursos, ni promesas. Aquí lo que hace falta son decisiones, hechos y recursos de verdad.
El presidente Abelardo de la Espriella volvió a Pereira el viernes pasado y dijo que esta ciudad sería el epicentro de la reconstrucción y que podría contar con el Gobierno Nacional. Son palabras importantes, pero tienen que convertirse cuanto antes en decisiones, en recursos y en acciones concretas y sin demoras.
Porque los hechos, hasta ahora, muestran una realidad distinta. Más de veinte días después del terremoto, Pereira ni siquiera ha recibido la visita del gerente del llamado Fondo Milagro. Tampoco se ha nombrado su representante en la ciudad y sigue sin conocerse quiénes serán los pereiranos que integrarán su junta directiva, si es que los va a haber, y que ojala sean personas que vayan allí no alimentar su ego, sino dispuestas a trabajar las 24 horas por la recuperación del Departamento.
No se entiende que una región que soportó una tragedia de estas dimensiones tenga que seguir esperando definiciones urgentes. La reconstrucción no puede quedarse en una estructura administrativa distante ni avanzar al ritmo de los trámites burocráticos. La emergencia exige presencia, coordinación y resultados hoy.
Mientras tanto, están los damnificados. Están quienes perdieron sus viviendas, sus negocios, sus empleos y, lo más doloroso, quienes tuvieron que enterrar a sus seres queridos. Para ellos, cada día que pasa no es una cifra, es otra jornada de incertidumbre, de angustia y de dolor. Sus heridas siguen abiertas y necesitan respuestas inmediatas.
Son ellos quienes necesitan acciones. Necesitan vivienda, empleo, apoyo para recuperar sus negocios, atención para sus familias y la certeza de que no serán olvidados cuando desaparezca la atención de los medios y termine la conmoción nacional. Necesitan ayuda real, oportuna y suficiente para comenzar de inmediato a recuperar la vida que perdieron.
Pereira ha demostrado una enorme capacidad para levantarse. Sus ciudadanos han trabajado, ayudado y enfrentado con dignidad una tragedia que nadie podía imaginar. Pero la fortaleza de los pereiranos no puede convertirse en una excusa para que el Estado demore su obligación. La ciudad necesita soluciones inmediatas y acompañamiento permanente.
Señor Presidente, el epicentro de esta tragedia no fue Cali, ni el Chocó, ni Manizales, fue Pereira. Lo dicen las cifras y lo muestran sus calles, sus edificios destruidos y sus familias golpeadas. Si será el epicentro de la reconstrucción, que lo sea también de los recursos y las decisiones. Pereira no pide privilegios, reclama solidaridad y cumplimiento inmediato.