Práctica abominable

Dicen las informaciones de prensa y se aprecia también en algunas fotos publicadas por los medios de comunicación locales, que en las marchas realizadas el pasado martes 20 de julio, había varias personas portando prendas con los distintivos exclusivos de entidades que realizan labores humanitarias, como la Cruz Roja.

A dónde ha llegado la inconsciencia y el irrespeto de quienes han optado por profesión, marchantes y por práctica, valerse del derecho constitucional a la protesta para cometer toda clase de excesos y atropellos, que ya ni siquiera dejan por fuera de sus métodos perversos el uso de distintivos que hasta los peores grupos delictivos, respetan y apoyan.

Esto para no hablar de las afrentas que se cometen todos los días contra los símbolos más sagrados de nuestra nacionalidad, como son la bandera y el escudo. Da dolor de patria, por ejemplo, ver como los vándalos y terroristas que se han tomado las calles y están destruyendo las ciudades, han vuelto de la Bandera el material preferido para hacer sus cachuchas, sus ponchos, sus pasamontañas y hasta sus tapabocas.

La Bandera Nacional fue siempre el símbolo más sagrado para los colombianos. Ante ella los miembros de las Fuerzas Armadas renuevan su juramento, los colombianos de bien se descubren y los niños entonan emocionados el himno nacional; pero ahora se ha vuelto un simple trapo con el que los delincuentes se cubren y los vándalos esconden su identidad.

No se sabe si con el uso de los distintivos de la Cruz Roja lo que buscan los vándalos es culpar a esta benemérita institución de las fechorías que cometen, o ampararse en ellos para transportar armas o explosivos o material ilegal, o involucrar la entidad en acciones delictivas, o simplemente para no ser objeto del escrutinio de la Policía; pero cualquiera que sea el fin que se busque, están cometiendo un abuso que todos los países del mundo señalan y condenan.

Claro que nada distinto se puede esperar de unas personas que no han tenido el más mínimo empacho en impedir el paso de una ambulancia que transporta un niño agonizante o un anciano que requiere atención especializada urgente, o en obstaculizar la circulación de una misión de la Cruz Roja o del Ministerio Público; o que igual atacan a palos y piedra a un  vehículo particular, que a un carro de bomberos.

Nada más despreciable, pues, que usar distintivos como el de la Cruz Roja para cometer toda clase de desmanes, para confundir a las autoridades, o para involucrar a aquella institución en actividades en las cuales, por principio, jamás participa. Esta es una práctica que no puede tolerarse y que hay que combatir con toda decisión.

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