23.8 C
Pereira
jueves, junio 20, 2024

Poca esperanza queda

Después de todo esto, poca esperanza queda que el Congreso vaya a debatir con juicio las reformas del Gobierno y la constituyente o el referendo propuestos por el Presidente. 
La Comisión Séptima de la Cámara de Representantes aprobó en tercer debate el jueves pasado y sin mayor inconveniente el proyecto que modifica el sistema pensional del país, acogiendo en su totalidad el texto que había aprobado el Senado de la República. Queda solo entonces pendiente para estar en firme y convertirse en ley, el último debate en la plenaria de aquella corporación.
Todo indica, increíble, que los carrotanques de la Guajira lograron en cuestión de días y ahorrando discusiones y tiempo valioso en el trámite, lo que no había podido en casi dos años el propio presidente Petro llamando a la disciplina a todos los partidos que lo eligieron, el gabinete ministerial en pleno y una lista interminable de funcionarios de alto nivel, ofreciendo puestos y contratos, y más de un centenar de marchas convocadas y pagadas por el gobierno, para exigirle al Congreso aprobar el proyecto de reforma pensional.
Bastó que el contrato multimillonario de la estafa más grande que se ha cometido en toda la historia con la Guajira, se perfeccionara y empezaran a viajar por todo el país, a visitar exclusivas oficinas privadas y a subir hasta la propia presidencias del Congreso, las maletas llenas de dinero, para que se destrabara el proyecto de reforma, para que los congresistas retornaran a las sesiones, para que se reactivaran las discusiones, para que desaparecieran las observaciones y para que, como por magia, aparecieran las mayorías.
Por supuesto, esto no es nuevo en el Congreso. Ejemplos y muy dolorosos hay de leyes y actos legislativos contraproducentes para el país y contrarios a la democracia, que gracias a la abundante mermelada, a la entrega de ministerios y entidades, incluido todo su presupuesto y toda la contratación, y a los ríos de dinero entregados a los congresistas, pasaron prácticamente sin debate o solamente con algunas voces aisladas de la oposición que fueron silenciadas por el aplastante peso de unas mayorías cargas de prebendas y beneficios personales.
Sin embargo, se pensaba que en un gobierno que había combatidos siempre estas prácticas corruptas y que ganó las elecciones prometiendo un cambio de costumbre políticas, jamás se utilizarían los recursos destinados a atender las urgencias de los más pobres y marginados que son siempre los que sufren las emergencias, para comprar vulgarmente la conciencia del Congreso, de los entes de control y de la propia Justicia.
Después de todo esto, poca esperanza queda que el Congreso vaya a debatir con juicio las reformas del Gobierno, que la constituyente o el referendo propuestos por el presidente Petro sean analizados con independencia, que la justicia castigue a los congresistas que vendieron su voto y a los funcionarios que los negociaron y que la democracia resista el descarado envite de quienes juraron hace dos años respetar la Constitución y la ley.
La única que le queda a los colombianos es que todavía haya elecciones dentro de un año y medio para poder castigar a quienes engañaron a sus electores y votar por unos congresistas honestos, decentes y que no vendan su voto por poco o por mucho dinero, y por un gobierno que de verdad combata la corrupción y respete las instituciones democráticas.

SUSCRÍBETE A NUESTRO BOLETÍN INFORMATIVO

Para estar bien informado, recibe en tu correo noticias e información relevante.

 
- Publicidad -

Para estar informado

- Advertisement -
- Publicidad -
- publicidad -