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martes, noviembre 29, 2022

Otro escándalo

Mientras el Inpec sea lo que es hoy, una entidad en manos de personas tan delincuentes como las que cuidan, las cárceles seguirán siendo uno de los peores focos de corrupción del país.

No salen de un escándalo las cárceles y centro penitenciarios del país. El turno fue nuevamente para La Picota en Bogotá, donde luego de una inspección sorpresa se encontró en uno de los pabellones especiales, licor, celulares, televisores, neveras, estufas eléctricas, licuadoras, dinero en efectivo y en general toda clase de elemento no permitidos en este tipo de establecimientos.
Cómo se explica, si no es con la complicidad y participación de las directivas del centro penitenciario o de los guardianes del Inpec, que en un sitio cerrado, con alta seguridad, con un régimen estricto de vistas y con una supuesta revisión permanente, se haya encontrado semejante listado de elementos y artículos prohibidos.
Y no es fácil que con la ayuda aislada de uno o varios guardianes del Inpec se puedan ingresar a un centro carcelario de alta seguridad, cinco neveras, nueve televisores gigantes, 25 estufas eléctricas, 122 celulares y 184 botellas de licor; necesariamente tiene esto que contar con la autorización o por lo menos la aquiescencia de los directivos del centro penitenciario.
Lo más increíble de esto es que no es la primera vez que sucede. En el pasado, en varias oportunidades se han encontrado, cuando se han hecho requisas e inspecciones no programadas, elementos similares a los que se encontraron en esta oportunidad y en no pocas veces droga de varias características y hasta armas de fuego.
Sin embargo, fuera del escándalo inicial, de las anunciadas investigaciones y, como mucha cosa, de algunos traslados a otras cárceles, pero nunca destituciones, de las cabezas de los centros de reclusión, no ha pasado absolutamente nada y a los pocos días los elementos incautados u otros mejores están nuevamente en su lugar.
Que se conozca no hay un solo director de una cárcel donde se haya encontrado un inventario como el que se encontró en “La Picota”, o de donde se haya fugado milagrosamente un reconocido delincuente, que haya sido destituido, enjuiciado y condenado ejemplarmente.
Todos caen parados. Fuera quizás de unos días separados del cargo mientras se surten las indagaciones preliminares y de pronto de una suspensión provisional, los responsables están todos en un cargo mucho más alto, mejor pagado y seguramente gozando del dinero que les representó hacerse los de vista gorda al momento de producirse las fugas o de ingresar elementos como los que fueron encontrados en la requisa pasada.
Mientras el Inpec sea lo que es hoy, una entidad llena de vicios y en manos de personas tan delincuentes como las que cuidan, los centros de reclusión seguirán siendo uno de los peores focos de corrupción del país, un lugar desde donde se sigue delinquiendo y ordenando los peores crímenes, y una burla a la justicia.

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