Otra muestra de solidaridad sin límites

Entre ellas merece destacarse, de manera especial, la Fundación Cáritas, porque a pesar de haber sido también damnificada, continuó siendo ejemplo admirable de solidaridad.
Muchas son las instituciones, entidades y personas que, en medio de la incertidumbre, el dolor y la angustia que dejó el devastador terremoto del pasado 10 de agosto, han demostrado su solidaridad sin límites y le han tendido la mano a quienes lo perdieron todo. Entre ellas merece destacarse, de manera especial, la Fundación Cáritas de la Diócesis de Pereira, porque a pesar de haber sido damnificada, continuó siendo ejemplo admirable de solidaridad.
Bajo la dirección generosa y dedicada del padre Óscar Gutiérrez, Cáritas, a través de su Banco de Alimentos, ha demostrado que la solidaridad verdadera no depende de las circunstancias. Y lo ha hecho, además, cuando su propia sede quedó prácticamente destruida por el terremoto y sus instalaciones quedaron seriamente afectadas.
La sede quedó convertida en ruinas, pero la misión permaneció intacta. Allí, entre escombros y en medio de enormes dificultades, la Fundación no interrumpió ni un solo instante su tarea. Como ha podido, continuó recibiendo, organizando y entregando ayudas a las familias damnificadas de Pereira y de distintos municipios del Departamento.
Miles de paquetes de alimentos han llegado a las manos de personas que perdieron su vivienda, sus pertenencias y, en muchos casos, hasta la posibilidad de obtener el sustento diario. Cada entrega representa mucho más que comida, es un mensaje de esperanza para quienes enfrentan uno de los momentos más difíciles de sus vidas.
Y esa labor no se ha limitado a Pereira. El Banco de Alimentos ha extendido su ayuda por todo Risaralda, llegando a comunidades que también sufrieron las consecuencias de la tragedia. En cada lugar ha estado presente la mano generosa de quienes entienden que servir al prójimo es una obligación moral y una forma concreta de acompañar a los damnificados.
Son 27 años de trabajo social y humano, acompañando silenciosamente a los más necesitados, recogiendo alimentos, sumando voluntades y convirtiendo la solidaridad en una herramienta concreta contra el hambre. Esa trayectoria adquiere hoy un significado todavía mayor por la magnitud de la emergencia y por las necesidades que persisten.
Es sin duda admirable que una institución damnificada casi totalmente haya decidido no detenerse. Mientras muchos apenas comienzan a reconstruir sus propias vidas, Cáritas reconstruye también su capacidad de servir. Esa actitud resume el espíritu que Pereira y Risaralda necesitan, levantarse, compartir, trabajar unidos y no abandonar al que más sufre.
Por eso, entre tantos esfuerzos que merecen reconocimiento, la Ciudad y el Departamento le deben hoy gratitud especial a la Fundación Cáritas con su Banco de Alimentos, al padre Óscar y a sus colaboradores y voluntarios. Su ejemplo recuerda que aun entre las ruinas puede florecer la esperanza y que la solidaridad también reconstruye. Gracias por no desfallecer.

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