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martes, febrero 7, 2023

No valió la pena

La pregunta que se hace mucha gente es si valió la pena la pelea jurídica que libraron varias organizaciones que defienden las victimas del conflicto que ha vivido el país, para que se les reconocieran la llamadas curules de paz, después de ver los resultados de las elecciones en que se eligieron los 16 escaños negados por el Gobierno, pero ratificados por el Consejo de Estado.

Lo que pretendió la norma que aprobó las curules en la Cámara de Representantes es que aquellas regiones que fueron duramente golpeadas por los grupos ilegales, tuvieran unos auténticos voceros que los representaran en el Congreso y velaran para que los derechos de las víctimas fueran reconocidos y respetados.

Sin embargo, cuando se repasa a quienes se inscribieron como candidatos a las curules de paz y la forma cómo se hizo la campaña, así como la votación que obtuvieron, es cuando aparece la duda de si lo cumplido corresponde al espíritu de la norma que creó las curules y de si los elegidos representan de verdad las victimas del conflicto o al menos las regiones golpeadas por este fenómeno.

Según vastos sectores de opinión, la mayoría de los escaños correspondientes a las víctimas quedaron en manos de personas que tienen vínculos con dirigentes políticos tradicionales, que recibieron financiación de sectores cuestionados por la justicia e, inclusive, que siguen perteneciendo a las mismas estructuras que propiciaron la violencia.

Para no pocos al menos seis de los elegidos estaban en evidentes condiciones de superioridad económica y logística frente a los que realmente representaban  a las victimas y que hicieron su campaña con sus propios medios económicos y con las limitaciones de seguridad que impone la lucha entre los grupos que pelean el control de los territorios.

Para solo mencionar un ejemplo de la desigualdad en que se enfrentaron los verdaderos candidatos de las victimas, con quienes ganaron la curul, mientras el hijo de uno de los paramilitares que más victimas dejó, gastó millones en su campaña y se movió sin ninguna restricción por la zona, Melba Miles, la candidata que lo enfrentó en las urnas y a quien le padre del nuevo congresista le asesinó a sus progenitores, hizo la campaña con las uñas y no pudo visitar las zonas rurales.

Cosa parecida ocurrió con los elegidos en la circunscripción transitoria del Tolima, o del Chocó, o de Cordoba, o del Urabá, o de Norte de Santander. Los elegidos en estas zonas son en su mayoría personas que tienen vínculos cercanos con políticos tradicionales, o con exgobernantes, o con clanes políticos, mientras los candidatos derrotados, solo contaban con muy escasos recursos y las mínimas garantías de seguridad.

Todo indica, pues, que la idea, que fue buena, de darle  representación en el Congreso a las victimas del conflicto, fue pura ilusión, y que se cumplió lo que muchos advirtieron, que las curules de paz iban a quedar en manos de los victimarios y de los grupos que precisamente ahogaron en sangre y dolor al país y llenaron de victimas a Colombia.

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