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sábado, julio 2, 2022

No se requiere mucho

Es tendencia

Un buen mensaje

Un problema conocido

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En Risaralda la mitad de las personas que pierden la vida en accidentes de tránsito, viajaba en una motocicleta. Según el Instituto Nacional de Medicina Legal, de las 145 personas que el año pasado perecieron en las vías del departamento, 74 iban en algún tipo de moto, 50 eran peatones, 11 pasajeros de un vehículo distinto y 10 eran ciclistas.

Aunque Risaralda no fue uno de las regiones del país con más alta siniestralidad vial, ocupó el puesto diecinueve, si aparece en uno de los primeros lugares en la lista de los departamentos con más víctimas fatales producto de un accidente de tránsito en el que estuvo involucrada una motocicleta.

No se necesita mucho para saber por qué en Risaralda las muertes viales viajan especialmente en motocicleta. Basta hacer un breve recorrido por vías como la doble calzada a Cerritos, o Cerritos-La Virginia, o La Romelia-El Pollo, o Condina, par ver que si no hay más accidentes y más muertes es por la suerte de los motociclistas y por la precaución de los demás vehículos.

Miles de motos que pasan a altísima velocidad, culebreando entre los vehículos, llevando muchas veces cargas pesadas y altas, adelantando por la berma, y para completar sin llevar el casco adecuado y mucho menos sin cumplir los requisitos de SOAT y de revisión técnico mecánica.

Todo esto, por supuesto, en medio de la más absoluta indiferencia o tolerancia de la autoridades de tránsito y de carretera. Suficiente ver como las motos violan los semáforos en las narices de los agentes de tránsito, o desatienden las señales de no giro a la izquierda, o se montan por los sardineles para cruzar las avenidas, o estacionan en los andenes, o circulan por el carril del Megabus; y estos ni se dan por enterados.

Para no ir muy lejos, según un reciente informe oficial, el 85% de las motos que viajan por las vías del país, no tiene SOAT y un porcentaje cercano al 70% no cumple con las condiciones técnico mecánicas mínimas para circular sin riesgo; y no hay autoridad alguna que lo controle.

Es como si las normas de tránsito no estuvieran dictadas para las motos, o como si estas estuvieran exceptuadas de cumplirlas, o lo que es más preocupante como si las autoridades tuvieran la instrucción de no controlar estos aparatos y dejar que hagan lo que se les venga en gana.

No se requiere mucho, pues, para disminuir el número te accidentes de tránsito y las muertes en estos hechos en el departamento. Bastaría con incluir el control a las motos en las tareas de los agentes de tránsito y en la policía de carreteras, y ser inflexibles en el cumplimiento de las normas de tránsito por parte de los motocilistas.

Para estar informado

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