No parece ser así

En medio de la atención de los colombianos acaparada por el acelerado crecimiento de los contagios y fallecidos por causa del virus, por las grandes perdidas de todas empresas producto de los bloqueos, por la alteración del orden público en todas las ciudades del país, por los crecientes índices de desempleo y por la cada vez más acentuada polarización, avanza en el Congreso de la República el estudio del proyecto de ley que disminuye de 48 a 42 horas la jornada de trabajo semanal.

La semana pasada la Comisión Séptima del Senado le dio tercer debate a la iniciativa quedando solo pendiente la aprobación por parte de la plenaria de esta corporación para luego pasar a sanción presidencial, que de no recibir objeción alguna por parte del Presidente, se convertiría en ley de la República.

El proyecto, según sus promotores e impulsores, tiene como propósito aumentar la productividad de las empresas, generar nuevos puestos de trabajo y bajar la tasa de desempleo del país, y darle a los trabajadores más horas libres para que las puedan dedicar a sus familias y con ello levantar su calidad de vida.

Dicen los defensores de la idea que al tener una jornada menos extensa los trabajadores pueden tener un mejor desempeño en su actividad lo que se reflejaría en una mayor productividad y competitividad para las empresas. Además, que estas al necesitar cumplir con sus modelos de producción programados para 48 horas tienen que contratar más personas lo que reduciría los niveles de desempleo.

Sin embargo, esto en la práctica no parece ser así. Lo primero es que los trabajadores al tener mayor disponibilidad de tiempo lo primero que harían no es quedarse con su familia, sino salir a desarrollar cualquier otra actividad que les genere unos ingresos adicionales, en detrimento precisamente de aquella y de la empresa para cual trabaja, porque llegaría a cumplir su jornada laboral cansado y muchas veces trasnochado.

Lo segundo es que una empresa que vea reducida la jornada laboral de su personal en seis horas, con absoluta seguridad no va a solucionar la necesidad de cumplir con una producción establecida, contratando más personas, porque no tienen la posibilidad económica de hacerlo, sino que saldrá a conseguir una mano de obra que esté dispuesta a trabajar la jornada completa por el mismo salario, lo que antes de reducir, aumentará el desempleo.

Por último, la reducción de las horas laboradas de millones de personas le significaría, de acuerdo a quienes han estudiado los efectos del proyecto, al sector productivo, perdidas anuales cercanas a los 14 billones de pesos, lo que necesariamente se traduciría en más empresas, especialmente micro y pequeñas, cerradas y liquidadas.

No parece, pues, que la iniciativa destinada a acabar con el desempleo, a rescatar la familia y mejorar las condiciones de vida de sus miembros, y a elevar la productividad de las empresas, vaya a cumplir con sus promocionados propósitos y en cambio sí que podrá producir todos los efectos contrarios.

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