17.4 C
Pereira
miércoles, diciembre 7, 2022

No es solo un exceso policial

Por supuesto, nada justifica el uso excesivo de la fuerza o de cualquier procedimiento que signifique poner en peligro la vida o la integridad física de una persona.

La muerte de Javier Ordoñez aparentemente como consecuencia de un procedimiento excesivo realizado por dos miembros de la Policía Nacional, ha indignado con razón no solo al sector de la capital de la República donde residía el ciudadano fallecido, sino a todo el país.

Según se conoce, dos uniformados que intervinieron en el hecho y trataron de controlar y someter al señor Ordoñez, utilizaron excesivamente y de forma reiterativa una pistola Táser, al punto que terminaron produciendo, horas más tarde, su muerte en uno de los hospitales cercanos a donde fue llevado por la propia Policía.

Por supuesto, nada justifica el uso excesivo de la fuerza o de cualquier procedimiento que signifique poner en peligro la vida o la integridad física de una persona. Las armas son entregadas por la institución a sus miembros para que sean utilizadas en casos extremos y en que esté de por medio la seguridad de una comunidad o la vida de unas personas, y que no sea posible controlar la situación de otra manera; caso que evidentemente no es el de Javier Ordoñez.

Los policías que intervinieron en el procedimiento nunca debieron utilizar un recurso que está hecho para casos de extrema gravedad, y que no parecía ser el de Javier Ordoñez; y que utilizado más allá de lo adecuado puede producir problemas graves en la persona contra quien se aplica, como evidentemente ocurrió en este lamentable caso.

Sin embargo, la respuesta de la víctima, hasta donde se ha conocido, al requerimiento de la Policía para que cumpliera con las normas de protección y prevención social que obliga la emergencia de salud que vive el país, tampoco fue la que corresponde a un ciudadano que está obligado a acatar la ley y a respetar las autoridades. Seguramente que, si el señor Ordoñez y sus amigos no se hubieran resistido y no se enfrenta a los uniformados, hoy no estuviéramos lamentando el hecho.

No se puede pasar por alto que en el país cada día ocho policías son víctimas, durante su jornada laboral, de agresiones graves por parte de personas que, en ejercicio de la función de vigilancia y de garantizar la tranquilidad y la seguridad ciudadana, fueron requeridos por la Policía; y que todo esto puede influir en la actuación de los uniformados ante un hecho de posible agresión contra ellos.

De aquí lo importante de revisar los procesos de incorporación que hoy tiene la Policía y en general la Fuerza Pública, para hacerlos más exigentes y selectivos, así como los de inducción y capacitación, de tal manera que cuando se le entregue un arma a uno de sus miembros, se tenga la seguridad no solo que la sabe usar, sino cuándo la debe usar.

Claro que lo sucedió con Javier Ordoñez debe ser investigado y, si es del caso, sancionado con todo rigor; pero eso primero no justifica los desmanes que se han presentado en algunas localidades del país, y segundo, no puede mirarse solo como un exceso de dos miembros de la Policía, sino como la consecuencia de una peligrosa costumbre que ha hecho carrera en el país y es la de desconocer el principio autoridad y enfrentarse de tú a tú con quienes han sido investidos para ejercerla.

Artículo anteriorJuntos podemos salvar vidas
Artículo siguienteUnión con fortaleza

Para estar informado

- Advertisement -
- Advertisement -

Te puede interesar

- Advertisement -