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martes, febrero 7, 2023

No es posible

No es posible que a unos metros de la Plaza de Bolívar esté ocurriendo lo que denuncian quienes frecuentan todos los días, por razón de su trabajo, el Palacio Nacional.

E

l Palacio Nacional no solo es el primer edificio que se construyó en la Ciudad, sino uno de sus principales referentes urbanos, además elevado hace muchos años a categoría patrimonio arquitectónico. Por muchos años fue el epicentro de la Justicia en la región y recientemente la sede de decenas de entidades públicas de todos los órdenes.

Situado a una cuadra y media de la Plaza de Bolívar y sobre la llamada Calle de la Fundación, la vía que une las sedes de los gobiernos municipal y departamental, es hoy el lugar de trabajo de decenas de funcionarios de muchas entidades del orden nacional, departamental y municipal que ante la falta de sede propia han encontrado allí el sitio adecuado para sus oficinas.

Los hoy ocupantes del edificio han elevado una petición a los gobiernos municipal y departamental y a las autoridades de policía, para que le pongan orden a la creciente presencia en los alrededores del Palacio de habitantes de calle, de consumidores de droga, de familias extranjeras en situación de abandono, de malhechores y de personas indeseables.

Dicen los empleados de aquellas entidades que la inseguridad se ha apoderado del lugar y que se ha vuelto un riesgo grande para ellos cuando, por alguna circunstancia se tienen que demorar en la tarde unos minutos en las oficinas, se ven obligados a salir en medio del hostigamiento de un enjambre de indigentes, de orates y de drogadictos.

Además, los denunciantes se quejan de la suciedad que estos desagradables visitantes dejan en el lugar y de los malos olores que generan los desechos de comida, los sobrantes y del uso que hacen de los muros y rincones de la edificación como sanitario público. Y sostienen que llegar por la mañana a su trabajo es un martirio insoportable.

No es posible que a unos pocos metros de la Plaza de Bolívar y sobre la calle principal de la Ciudad, esté ocurriendo lo que denuncian quienes frecuentan todos los días, en razón de su trabajo, el Palacio Nacional, y mucho menos que nadie haga algo para corregir semejante despropósito, más tratándose de un edificio público a donde concurren no solo las personas que allí trabajan, sino cientos de ciudadanos en busca de atención oficial.

Es urgente que las autoridades se ocupen del caso y le pongan remedio a una situación que no tiene justificación alguna y que la Policía haga presencia permanente en este lugar y cumpla con su obligación constitucional de proteger y garantizar la seguridad y la tranquilidad de los ciudadanos.

La Ciudad y menos sus calles principales, no pueden volverse una cloaca por donde no se puede caminar, ni donde los aleros de los edificios públicos son el dormidero de indigentes, ni los recodos el escondite de maleantes y malhechores, ni las esquinas el lugar preferido de consumidores y drogadictos, ni los escampaderos el baño público de locos y mendigos.

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