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martes, noviembre 29, 2022

No duró mucho

Pasados unos días de posesionado, no se volvió a ver al funcionario haciendo una labor que transmitía entre los ciudadanos tranquilidad y deseo de hacer las cosas bien.

En las actuaciones de los funcionarios púbicos, nada que no sea el resultado de un tarea analizada y bien programada, y, sobre todo, persistente y continua en el tiempo, obtiene resultados y recoge frutos definitivos; lo otro son acciones que pueden llamar la atención, pero que para los logros buscados no tienen ninguna significación.

Decimos esto, porque es lo que parece haberle sucedido al director del Instituto de Movilidad de Pereira. El funcionario empezó el ejercicio de su cargo con mucho dedicación y haciendo algo que llamó la atención y que nadie hizo en el pasado, salir personalmente a enterarse de los graves problemas de movilidad de la Ciudad, de la anarquía que vive el tránsito, del desorden vial, del atraso que padece la red de semáforos, de la incultura de los peatones, de la incapacidad de los guardas para hacer cumplir las normas de tránsito y de la pésima percepción ciudadana hacia esa dependencia y el trabajo que hacen sus funcionarios.

Era común encontrar al funcionario observando el comportamiento de los conductores en los cruces más congestionados, o acompañando a los guardas de tránsito en un reten móvil para verificar el estado de los documentos de los vehículos, o constatando el trabajo de los agentes en el control de la observancia de las normas de tránsito por parte de los conductores y motociclistas que circulan por la ciudad.

Sin embargo, este estusiasmo, que valga la pena decirlo causó entre los pereiranos buena impresión, no duró mucho. Pasados unos días de posesionado en su cargo y de iniciado en sus funciones, no se volvió a ver al funcionario haciendo una labor que transmitía entre los ciudadanos tranquilidad y deseos de hacer las cosas bien y que podía tener efectos muy útiles en la tarea de ponerle orden al tránsito y corregir todos los problemas de movilidad que tiene la ciudad, siempre y cuando se hiciera con metodología y permanencia.

No se sabe si el desorden que existe en las propias oficinas del Instituto, o si las graves acusaciones de corrupción que hay en el manejo de las multas, o si la funesta injerencia política en el nombramiento de los guardas de tránsito, fue lo que volvió a confinar al director del instituto; pero lo que si se sabe es que la anarquía, el desorden, los trancones y hasta la “coima” siguen haciendo su agosto en la calles de la ciudad.

El tráfico en Pereira es un caos total. Las motos no conocen las normas existentes, los vehículos hacen lo que les da la gana, los guardas prefieren irse a controlar nadie sabe qué en una vía interna en alguna de las zonas residenciales de Cerritos, que impedir que las tractomulas y camiones pesados utilicen la 30 de Agosto y la Avenida de las Américas; y los infractores todo lo arreglan con unos cuantos pesos.

Ojalá, la decisión del alcalde Maya de liquidar el Instituto de Movilidad y convertirlo en una dependencia más de la estructura central de la administración, sirva para depurar esa institución, despolitizarla y darle la dinámica y operatividad que se necesita para devolverle a la Ciudad el orden, la autoridad y la movilidad que perdió hace mucho rato.

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