Nada justifica


No es posible que después de ocho o nueve meses de los destrozos que causaron en algunos bienes públicos, las marchas y las protestas de grupos de encapuchados supuestamente contra la reforma tributaria que presentó el gobierno al Congreso el año pasado, los vidrios de varias de las estaciones del Megabús no hayan sido reemplazados.

Si algo necesitaba la atención inmediata de la empresa Megabús y del Gobierno Municipal no solo por la inseguridad que generan unas estaciones al aire libre sino por el mal aspecto que producen de la ciudad ante los usuarios del servicio y los simples ciudadanos, son las estaciones del servicio público de pasajeros.

Por la misma razón que las estaciones del Megabús y los propios articulados eran el primer blanco de los vándalos y delincuentes que cada tarde salían a destruir la ciudad, su reparación y recuperación total debía ser el objetivo prioritario de las directivas de la Empresa y de las autoridades municipales.

Es cierto que los destrozos fueron muchos y la reconstrucción de las estaciones y la reparación de los articulados afectados, son muy costosas; pero esto era una urgencia que no podía dar espera y mucho menos no atenderla después de casi un año de las movilizaciones ciudadanas y los actos de locura cometidos por, cada vez está más demostrado, grupos de delincuentes pagados por organizaciones al servicio de intereses internacionales.

Ningún costo y ninguna disculpa justifica que nueve meses después aún haya estaciones del Megabús abiertas y expuestas al transeúnte, sin los vidrios que quebró la turba que atacó sin consideración un servicio que al que más le sirve es precisamente al ciudadano del común, y con los golpes y daños a los ojos de todos.

En ciudades como Medellín no solo lo primero que se recuperó y se devolvió a su estado de siempre, que entre otras cosas es admirable por la firma como la ciudad lo cuida y conserva, fue el sistema de transporte masivo en sus distintas alternativas, sino que se aprovechó para reforzar su seguridad y sus mecanismos de protección.

Es imperativo entonces que el Megabús y el Gobierno de la Ciudad le pongan mano a aquellos daños que dejó la ola de salvajismo que azotó a todo el país el año pasado, y que inexplicablemne aún no han sido reparados. La ciudad no puede, por la razón que sea, seguir mostrando ante pereiranos y visitantes unas peladuras que solo denotan abandono, pobreza, negligencia y falta de inicitiva.