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Pereira
domingo, agosto 14, 2022

Nada distinto a lo previsto

Bajo el título “Poco se puede esperar” escribimos hace unos días una nota editorial para referirnos a la vista que hizo al país una delegación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, para evaluar los acontecimientos de los últimos días y tratar de verificar la veracidad y gravedad de las denuncias sobre las actuaciones de la Fuerza Pública en su labor de recuperar el orden y controlar los desmanes producidos por algunos grupos más interesados en  desestabilizar que en reivindicar derechos ciudadanos.

Nos preguntábamos en ese escrito, qué calidad de información podían recibir unos señores que, según lo que se conocía, hacían su trabajo en medio de los disturbios y la guerra callejera que se libraba en muchas ciudades, y hablaban con personas que nadie sabía si eran en verdad víctimas o simples agitadores, o se reunían por separado con quienes solo iban a contar lo que les interesaba decir, o escuchaban versiones fabricadas por quienes tenían intereses distintos a los que los  supuestos voceros de la comunidad, manifestaban.

Y añadíamos que, si en solo cuatro o cinco horas de observar una verdadera guerra campal en la que no se sabía quien lanzaba las piedras, las papas explosivas y las bombas molotov, ni quien las recibía; o si en una maratónica sesión de reuniones donde todos contaban el cuento a su manera y a su interés; era posible formarse una verdadera idea de lo que está pasando en el país y de si las autoridades están respetando o no los derechos fundamentales de los ciudadanos.

Y para terminar anotábamos, que difícilmente la Comisión podría formarse una idea clara de lo que esta sucediendo en el país, si no había habido reuniones con esa otra parte de la sociedad que ha sido la víctima de los hechos de vandalismo, de saqueo y de destrucción que cada noche sacuden las ciudades, ni estuvo en los bloqueos de las carreteras hablando con los camioneros que estuvieron más de un mes esperando que les dieran vía y pudieran llevar comida a sus hogares, ni tampoco habló con las misiones médicas que fueron  atacadas y violentadas por los manifestantes y mucho menos con las madres de los bebes que perdieron la vida esperando que la turba dejara pasar las ambulancias que los llevaba al hospital más cercano.

Pues bien, leyendo el informe de Derechos Humanos es fácil concluir que no estábamos lejos de lo que se preveía fuera su contenido, sus conclusiones y sus recomendaciones, aunque hay voces que se esfuerzan por hacer ver que el documento no condena a Colombia ni a sus autoridades, ni a su Fuerza Pública,y que antes por el contrario exalta el espíritu democrático de la Constitución del 91 y la protección de derechos como el de la protesta pacífica y lo que la Comisión llama “corte de rutas”.

De todas maneras, así unos se empeñen en quitarle importancia al contenido del informe, es un documento que afecta la imagen del país y le da argumentos a quines están empeñados en alimentar la violencia y  desprestigiar el trabajo que adelantan los organismos de seguridad en la preservación del orden y la salvaguarda de las instituciones.

Para estar informado

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