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Pereira
viernes, agosto 12, 2022

Nada dijo

El fin de semana estuvo en la Ciudad el General Fernando Murillo, director de la Dijín y la Interpol, con el propósito de comunicarle a los pereiranos el resultado de las investigaciones encargadas directamente por el Ministro de Defensa luego del vergonzoso oso que hizo la Policía cuando hicieron creer que habían controlado una de las peores ollas del área metropolitana, cuando la verdad fue que se trató de un inmueble habitado por una anciana de 93 años y de propiedad de su familia que lo ha poseído pacíficamente durante los últimos 70  años.

Se le abona el interés al alto mando de la Policía, aunque creemos que es más bien del ministro Molano de lavar su cara ante los pereiranos por el doloroso espectáculo que protagonizó hace una semana, de esclarecer los hechos sucedidos y sancionar a los responsables de semejante embuchado. Sin embargo, fuera del anuncio del retiro de sus cargos de al menos siete oficiales implicados en el falso positivo, nada dijo de lo que pasó al interior de la institución.

Tan fácil que era decir, nos equivocamos, hicimos el oso, le ofrecemos disculpas a la Ciudad y a los pereiranos, los responsables ya no estarán en la institución y recibirán las sanciones que merecen, y esperamos que con los nuevos oficiales podamos enfrentar de verdad el delito y especialmente el tráfico, la distribución y el consumo de droga, y devolverle la seguridad a los ciudadanos; pero no, esa humildad no la conoce la Policía. 

No le hace bien a la institución ni a la necesaria confianza que debe generar en los ciudadanos, tratar de justificar en unas estadísticas que toda la ciudad conoce y que no corresponden a un comportamiento delictivo reciente del sector, sino de muchos años atrás, la actuación equivocada e irresponsable de algunos altos miembros de la institución en la región, máxime cuando a renglón seguido anuncia, a manera de aceptación de todo lo sucedido, el cambio en casi toda la estructura de la Policía regional.

Los sectores de los puentes, del viaducto y del barrio La Libertad, son zonas negras en poder hace mucho rato del microtráfico y de los peores delitos, que están llenas de verdaderas madrigueras donde se esconde el crimen y se guarda su producto, y por tanto que no pueden ahora justificar, como lo pretendió hacer en su larga intervención el General Murillo, el haber escogido a la edificación de la familia Sánchez como chivo expiatorio del grave problema de tráfico y consumo de droga que hay en la Ciudad.

Se esperaba, pues, del oficial un mea culpa y unas palabras de disculpa con la Ciudad, por la burla que miembros de la institución hicieron de ella; pero prefirió encubrir el orgullo y la incapacidad de reconocer el error, en un desactualizado recuento delictivo de un sector de Pereira que hace rato desbordó la capacidad de control de la Policía y que ni siquiera con la orden expresa dada hace cuatro años por el presidente Santos de desmantelar esa olla, se hizo algo.

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