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Pereira
lunes, agosto 8, 2022

Motivo de reflexión

Es tendencia

Ojalá, no pase

Empieza la era Petro

Aceptable balance

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Se celebra hoy la fecha dedicada a los Niños y no por querer convertir esta celebración en una fiesta más comercial que otra cosa, deja de tener mayor significado e importancia, máxime cuando las circunstancias del momento y la descomposición social amenazan todos los días con arrasar la tranquilidad, la vida y el futuro de los niños.

Hasta no hace mucho tiempo el mundo de los pequeños era un entorno respetado por todos. Grandes y jóvenes, autoridades y ciudadanos protegían y defendían los derechos de los menores y a pesar de que la guerra, la violencia, el odio y las pasiones eran el común denominador en las relaciones entre los hombres, nada alcanzaba a salpicar el universo en que se movían los pequeños.

Era como si hubiera un acuerdo entre todos de respetar y no involucrar a los menores en los problemas cotidianos y en las diferencias que existen entre los asociados. Por más graves que fueran las dificultades y más difíciles de saldar, más alejados se les mantenía a ellos de los conflictos.

Hoy, lastimosamente, los niños no escapan a este mundo convulsionado en el que unos a otros se destrozan sin observar las más mínimas normas de convivencia, ni los más elementales derechos de la persona, y, algo peor, todos los días se convierten más en actores de esta horda salvaje que está acabando con el país.

Basta oír las malas noticias de cada día, para comprobar que en cada hecho violento, en cada acción absurda, en cada situación de conflicto, en cada acto estremecedor hay la participación activa de un niño o de un menor que todavía no es sujeto de derecho, ni de responsabilidades.

Todo esto sumado a los abusos, a los malos tratos, a la explotación cruel y a las injusticias que se cometen con los menores. Cada vez son más los menores obligados a la explotación de su cuerpo, o reclutados a la fuerza por la subversión, o utilizados para trabajos pesados, o aprovechados para cometer ilícitos, o sometidos a los peores y más indignantes abusos.

Por eso, más que una fecha de celebración, lo que debe ser este día es una oportunidad para reflexionar sobre el mal que se le está haciendo al mundo abandonando a los menores a su suerte y permitiendo, por acción o por omisión, que la voracidad de los intereses egoístas y los apetitos personales, la ambición de dinero y el relajamiento de los valores, acaben con los que son, de eso si no cabe duda, el futuro de la humanidad.

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