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Pereira
viernes, junio 24, 2022

Mendicidad desbordada

Es tendencia

El ruido ensordecedor

Una modalidad que crece

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Pocas veces se había hecho tan pública la mendicidad, como en los últimos días. Por supuesto, este doloroso fenómeno siempre ha existido y ha sido palpable en las calles, en los semáforos y en los lugares públicos, pero no en la forma y la manera como hoy se está manifestando en la Ciudad.

Los andenes están llenos de personas pidiendo la ayuda de los transeúntes, las puertas de los supermercados están invadidas de  ancianos  invocando la solidaridad de los ciudadanos y los semáforos son el escenario de vendedores de dulces, de maromeros y de limpiadores de parabrisas que son todos una manera disfrazada de pedir a los conductores una limosna, y de madres con pequeños de brazos que estiran la mano en busca de una moneda.

Lo peor de esto es que estas madres están llevando muchas veces no un pequeño de brazos que ayude a despertar al solidaridad de la gente, sino dos o tres que los sienta en la zona verde de las avenidas o al pie de los semáforos de tal manera que sean visibles a los conductores mientras esperan el cambio de luz y ayuden a despertar la generosidad ajena.

Todo esto, sin importar el riesgo que corren los pequeños que por su edad no alcanzan a entender lo que está pasando y fácilmente abandonan el lugar que les asignó su madre o la persona que los ha llevado allí, con el riesgo de ser atropellado por algún vehículo o por una de las tantas motos que aparecen de la nada y que acostumbran no respetar las señales de tránsito.

Una muestra de esto es lo que sucede en el semáforo del cruce de la carrera séptima con avenida 30 de Agosto en el sector de Turín. Allí una y a veces varias madres, dejan sus pequeños en la zona verde al pie de los semáforos mientras se acercan a los vehículos que están esperando el cambio, en tanto los pequeñitos se bajan del anden y caminan por el carril de Megabús, que si llega a pasar en ese momento, con seguridad produce una tragedia horrible.

Todo esto se repite todos los días a los ojos de los conductores, de los guardas de tránsito y de los transeúntes. Los únicos que parece no ver ni enterarse de esto son las autoridades y los funcionarios de Bienestar Familiar y de la entidades encargadas de velar por la vida y la seguridad de los niños.

Por supuesto, la mendicidad no es un problema que se solucione fácilmente y que para atacarla y  reducirla es necesario de una estrategía nacional; pero lo que sí es posible hacer mientras tanto es ponerle coto a esa mendicidad que se vale de los pequeños para generar la compación de la gente y, sobre todo, impedir que esas supuestas madres sigan poniendo en riesgo la vida de sus hijos para simplemente despertar la solidaridad de los pereiranos.

Para estar informado

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