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jueves, febrero 2, 2023

Mejor prevenir

Ya el país conoce las secuelas de las restricciones y limitaciones a que se vio abocado y de las cuales apenas está empezando a salir y que estamos seguros no quisiera repetir.

El Ministerio de Salud anunció que, aunque no se ha tomado alguna medida en torno al uso obligatorio del tapabocas distinta a la que existe de tenerlo que llevar en el transporte público, en los centros de salud y en los hogares geriátricos, el Gobierno si está evaluando la conveniencia de exigirlo en otros lugares y en otras circunstancias.

Dijo la ministra Carolina Corcho, en comunicado oficial, que hay un incremento, leve hasta ahora, pero que empieza ya a congestionar los servicios de las entidades prestadoras de salud, lo que ha obligado a las autoridades del ramo a estar atentas y a monitorear el comportamiento de los contagios en todo el país.

Agregó la funcionaria que, de tener que recurrir a la medida del tapabocas obligatorio, se tomaría para aquellas personas mayores de dos años y en todos los lugares abiertos y cerrados al público donde se presenten aglomeraciones; esto complementario, por supuesto, a las normas que hoy existen.

Además, recomendó, de un lado intensificar el uso de todas las medidas de bioseguridad que se pusieron en práctica durante los días críticos de la pandemia, tales como el lavado permanente de manos y el uso de alcohol y antisépticos, y del otro, completar y mantener el esquema completo de vacunación.

Recordó la Ministra con razón, que estos días de Navidad y Año Nuevo, donde las familias y los amigos se reúnen, cuando las medidas preventivas se relajan y hay tanto contacto entre las personas, son desde el punto de vista epidemiológico de alto riesgo y especialmente propensos para la multiplicación de los contagios y el avance del virus.

Ya en ciudades como Bogotá, las autoridades han tenido que adoptar medidas puntuales para atender situaciones que por sus características pueden propiciar la transmisión del Covid-19 y disparar la demanda de los servicios de urgencia de los hospitales y clínicas, y la ocupación de las unidades de cuidados intensivos de estos centros de salud.

Todo esto, con las graves consecuencias que, medidas restrictivas como las que ya se empiezan a ver, traen para las actividades normales de las ciudades y para su vida económica. Ya el país conoce las secuelas de las restricciones y limitaciones a que se vio abocado durante la pandemia y de las cuales apenas está empezando a salir y que estamos seguros no quisiera repetir.

Lo mejor entonces, es tomar todas las precauciones especialmente en este diciembre para que el país no tenga que volver a los días no solo del tapabocas permanente, sino a la suspensión de actividades que son vitales para la normalización de las economías, para la generación del empleo y para el crecimiento económico.

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