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martes, febrero 7, 2023

Mal por la Registraduría

 

 

Si hay algún perdedor en la jornada del domingo 13 de marzo, además claro está de los que no alcanzaron la votación necesaria para mantener su curul o para ingresar al Congreso en el caso de quienes aspiraban a ser elegidos por primera vez, es la Registraduría Nacional y el propio Registrador Nacional.

La caída de la página la víspera de las elecciones, la cantidad de personas que no pudieron votar porque a pesar de haber inscrito sus cédulas no aparecieron en los listados, la demora en la entrega de alguna información electoral y todas las inconsistencias que se presentaron en los resultados, han puesto en duda el trabajo de la Registraduría, la veracidad de los datos entregados y, lo más preocupante, la credibilidad de la entidad.

Para muchos expertos en el manejo de la logística electoral, la Registraduría tuvo fallas desde la implementación tecnológica, evidenciadas en el deficiente proceso de inscripción de cédula, hasta en la improvisación en la elección de las curules de paz, en la que prácticamente fue una caja negra de la que nadie tenía información.

Y ni que hablar del famoso software contratado para el escrutinio nacional. Apenas el viernes pasado, cuando ya había pasado el proceso electoral, fue entregado y, según se ha dicho, aún falta probarlo para garantizar su buen funcionamiento. Adicionalmente, el programa no cuenta con auditoría, al parecer porque primero se dijo que la haría la Universidad Nacional, luego que la Universidad Nacional Abierta y a Distancia, y ahora que ninguna entidad ha podido realizarla.    

Hasta la afirmación de la Misión de Observación Electoral, MOE, cuando al hacer un balance de la labor de la Registraduría, dijo que la progresiva apertura al acceso a la información que se había evidenciado desde el 2007 y que permitía una veeduría y un seguimiento a los procesos electorales, se había revertido desde la llegada del doctor Alexander Vega a la Registraduría, al punto de ampliar los plazos para responder los derechos de petición que le llegan a la entidad, genera incertidumbre y preocupación.

La Registraduría es el notario de la transparencia en los procesos electorales y de la pulcritud en el manejo de las datos. Por eso, es vital la confianza y la credibilidad que ella debe generar en los ciudadanos. Si esta entidad llega a perder su mayor patrimonio, todo lo que resulte de su trabajo estará manchado por la duda y la desconfianza.

Lo  que más preocupa de todo esto, es que se viene el proceso de elección presidencial. Y no es que los de congreso y consultas no sean importantes, sino que en aquel se define la suerte del país y el estilo de gobierno para los próximos cuatro años. Ojalá, todos los problemas y dudas que se presentaron en las elecciones del 13 de marzo, se resuelvan y la Registraduría recupere esa confianza y credibilidad que ha quedado en duda y que es fundamental en el proceso que se avecina.

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