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viernes, junio 21, 2024

Las armas traumáticas

Como están las cosas, aunque parezca ilógico, estos elementos deberían tener las mismas exigencias y limitaciones que tienen las armas de fuego tradicionales para su porte y tenencia.

Cada vez son más los delincuentes que utilizan para cometer sus fechorías, especialmente los hurtos en sus distintas modalidades, armas traumáticas y también más los elementos de esta naturaleza que la Policía decomisa en las requisas o encuentra en los allanamientos y operativos judiciales.

Según el subcomandante del Departamento de Policía Risaralda, Coronel Andrés Ceballos, entre el primero de enero y el 8 de marzo del presente año, la institución incautó siete armas traumáticas en distintos operativos realizados en todo el Departamento, luego de recibir denuncias de la comunidad bien por hechos delictivos cometidos o por la detección de movimientos sospechosos.

Las armas traumáticas, contrario a las de fuego corrientes,  por estar catalogadas como elementos deportivos, se pueden adquirir en el comercio sin los requisitos de las tradicionales y no tienen el tratamiento legal que  aplica para las armas tradicionales; además de que no tienen intrínseco el peligro que si tienen estas.

Esta es la razón simple por lo cual se han vuelto tan socorridos por los delincuentes para cometer sus robos y atracos; aunque este tipo de armas accionadas a corta distancia pueden causar el mismo daño e inclusive el mismo efecto mortal que las armas de fuego corrientes, como sucedió hace unos meses con un profesor de Marsella que murió posteriormente a un intento de fleteo cometido en Pereira y en el que recibió un disparo con un arma traumática.

Nada más cómodo y seguro para un delincuente que cometer un atraco con una arma que consigue en el mercado fácilmente, que no tiene restricción por tratarse de un arma amparada por la presunción de ser para uso deportivo y que para la víctima tiene exactamente el mismo efecto que una arma “de verdad”.

Ningún ciudadano por experto que sea en armamento y balística, es capaz, en medio de la sorpresa que produce un atraco y del susto que genera tener una arma a menos de un metro frente a la cara, de saber si el arma con la que le están apuntando es “de las que mata” o es traumática.

Con seguridad el ciudadano o los ciudadanos, cuando se trata de un atraco como los que se han puesto de moda en los restaurantes y en los sitios abiertos al público, van a entregar callada y sumisamente a los delincuentes todos los objetos de valor que tengan consigo y evitar así que los bandidos les hagan un daño.

Es urgente entonces, que las autoridades respectivas reglamenten, de un lado el comercio y venta de estas armas y del otro, su uso. Como están las cosas, aunque parezca ilógico, estos elementos deberían tener casi las mismas exigencias y limitaciones que tienen las armas de fuego tradicionales para su porte y tenencia.

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