La reconstrucción, una oportunidad laboral

Pereira llega al desastre con una posición envidiable en materia de empleo, conservarla y mejorarla debe ser una prioridad de las autoridades locales, departamentales y nacionales.
El desempleo nacional registró en el mes de julio pasado una cifra alentadora, el 8.1 por ciento, lo que significa una reducción de 0.7 puntos porcentuales frente al 8,8 por ciento del mismo mes de 2025. Es un resultado que merece reconocerse, aunque debe mirarse con prudencia.
El mayor aporte a esta disminución provino de actividades como la administración pública y defensa, educación y salud. También contribuyeron el comercio, la construcción, la información y las comunicaciones, la industria y manufacturas y otros servicios. En contraste, la agricultura, la ganadería y el campo mostraron un comportamiento menos favorable.
Hay otro elemento que obliga a mirar con cuidado el empleo generado. Buena parte del incremento de los ocupados correspondió a trabajadores por cuenta propia. Es decir, no toda la reducción del desempleo significó la creación de puestos de trabajo formales, estables y con mejores ingresos.
Lo otro que dice el informe del Dane es que en las trece principales ciudades y áreas metropolitanas, la tasa de desocupación no bajó, sino que aumentó levemente, al pasar de 8.4 por ciento en julio de 2025, a 8.5 por ciento en julio de este año.
Pereira, sin embargo, vuelve a entregar una noticia que es necesario destacar. Con una tasa de desempleo de 7,5 por ciento, la capital de Risaralda se mantiene entre las tres ciudades con menor desocupación del país, detrás de Medellín y Bucaramanga; y muy por debajo del promedio nacional.
Es un desempeño que merece reconocimiento, particularmente porque la economía pereirana ha demostrado durante los últimos años una capacidad importante para generar oportunidades laborales, incluso en medio de las conocidas dificultades nacionales. Hay eso sí algo que no puede ignorarse. Las cifras corresponden a julio, antes del terremoto que golpeó a Pereira y a la región el pasado 10 de agosto. Por eso, no reflejan todavía el enorme impacto que la tragedia tendrá sobre el empleo, el comercio, la construcción, los servicios y decenas de actividades económicas.
La reconstrucción demandará mano de obra y puede generar oportunidades, especialmente en construcción y servicios. Pero, al mismo tiempo, la destrucción de empresas, locales, viviendas y fuentes de ingreso amenaza con dejar a numerosas familias sin trabajo.
El reto será entonces, evitar que la emergencia convierta una situación compleja en una crisis laboral. Pereira llega al desastre con una posición envidiable en materia de empleo, conservarla y mejorarla debe ser una prioridad de las autoridades locales, departamentales y nacionales. Por ahora, el 8.1 por ciento nacional es una buena noticia. Pero en las ciudades la situación es distinta y el terremoto apenas comienza a entrar en las estadísticas. Pereira necesita que su fortaleza laboral sea protegida y que la reconstrucción se convierta también en una oportunidad para recuperar empleos y crear muchos más.

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