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Pereira
domingo, noviembre 27, 2022

La Plaza de Bolívar

Es un sitio sucio, maloliente, oscuro, lleno de basuras, convertido en sanitario público, en dormitorio de orates y drogadictos, en expendio de vicio y en centro de prostitución.

La Plaza de Bolívar es el lugar más emblemático de la Ciudad, el sitio de reunión de los pereiranos, el punto de encuentro de propios y extraños, el espacio de las grandes concentraciones públicas y el lugar obligado de visita de quienes vienen a Pereira en plan de turismo y de conocer una urbe que cada vez se ha hace más llamativa para los turistas.
Dolorosamente, es también el lugar más abandonado y más olvidado por la Administración Municipal. Es un sitio sucio, maloliente, oscuro, lleno de basuras y de desperdicios de todo, convertido en sanitario público, en dormitorio de orates y drogadictos, en expendio de vicio, en mercado del sexo y en centro de prostitución.
Para completar ese lánguido panorama, el estado físico de la Plaza no puede estar en peores condiciones. Su piso perdió hace rato su regularidad, el adoquinado es una colcha de retazos, cuando llueve es un mar de charcos, las tapas de los registros hace mucho desaparecieron, el amueblamiento es una vergüenza, el estado del Bolívar es una afrenta y su pedestal se cae a pedazos
Esto sin hablar de la inseguridad que se ha adueñado del lugar. Cruzar la Plaza después de la siete de la noche es un riesgo que una persona no debe tomar. Allí operan abiertamente bandas de delincuentes que roban y atracan a quien pase por el lugar sin que haya un solo policía que lo pueda impedir.
Cómo es posible que para construir ciclorrutas que nadie utiliza, para adelantar obras menos urgentes para la Ciudad, para gastar plata en eventos y fiestas que ni siquiera aportan al sano entretenimiento, si haya presupuesto suficiente y para recuperar y mantener el lugar considerado como la cara de la Ciudad, no se tenga ni un solo peso.
Cuánto cuesta reponer unos cuantos adoquines que ya no existen, y cambiar otros que están en pésimo estado y hacen charco cuando llueve, y poner unas luminarias que eviten todo ese movimiento delictivo que se hace al amparo de la oscuridad, e instalar las rejillas que se robaron, y recoger la basura que deja la incultura ciudadana, y lavar los excrementos que deja la tolerancia oficial, y reponer las losas del pedestal de El Libertador que arrancó la inseguridad; mucho menos que la pésima imagen que deja la Ciudad a los ojos de los aterrados visitantes.
Ni esta, ni la anterior administración y ni siquiera la del alcalde Enrique Vásquez que prometió darle a Pereira como regalo en su sesquicentenario, la llamada Calle de la Fundación y la recuperación de la Plaza de Bolívar, le han dedicado un solo peso a rescatar y mantener el lugar más simbólico de la Ciudad y donde todos concurren en algún momento.
La Plaza de Bolívar merece el cuidado y la atención inmediata de “El Gobierno de la Ciudad”. Pereira agradecería mucho más que este año en vez de alumbrado navideño se recuperara su sala de recibo, para que en adelante los pereiranos no solo pudieran disfrutar en un entorno bonito y agradable sus luces de diciembre, sino las celebraciones de agosto, los encuentros de amigos, las retretas del domingo, los juegos infantiles y las visitas al Bolívar Desnudo.

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