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Pereira
lunes, febrero 6, 2023

La Circunvalar

La Circunvalar, el otrora exclusivo sector residencial, tranquilo, apacible, seguro, limpio, agradable para vivir y atractivo para visitar, y luego llamativa zona para el comercio y los negocios, y seductor lugar para la diversión sana y el entretenimiento; es hoy el peor antro que tiene la Ciudad.

Por supuesto, es claro que la vocación de aquel importante sector de la ciudad ya no es residencial y ni siquiera una combinación con comercio, sino que ha cambiado para darle paso a una variedad de actividades que van desde el comercio, las finanzas, los negocios, el entretenimiento, la diversión, el encuentro callejero y la rumba.

Pero una cosa es todo esto y si se quieren muchas otras cosas más dentro de los límites que impone el comportamiento que debe observar cualquier persona que vive en sociedad, y otra bien distinta el desorden, la anarquía y el desgreño en que hoy está esta popular zona de la Ciudad. 

La Circunvalar hoy es una sola cantina, llena de bares y de los llamados gastrobares que compiten cuál pone la estridente música a volumen más alto, que amanecen abiertos sin ningún control, que permiten el ingreso a menores de edad, que les venden a estos sin restricción algunas bebidas alcohólicas y que les permiten el consumo de sustancias alucinógenas.

Hoy además, ese lugar es la más grande olla de la Ciudad donde se distribuye y comercializa abiertamente la droga, y el peor centro de prostitución de menores. Quien pase por allí a cualquiera hora de la noche podrá ver cómo decenas de niñas y niños de todas las edades se ofrecen abiertamente a los miles de personas que acuden a ese sector no a divertirse sanamente, sino a dar rienda suelta a sus enfermizas pasiones.

Lo más increíble de esto es que todo sucede a los ojos de todo el mundo y en la más completa ausencia de las autoridades, ausencia para verificar los horarios de funcionamiento de los establecimientos de diversión, para medir el volumen de sus equipos de música, para vigilar la venta de licor a los menores de edad, para controlar el mercado de la droga y para evitar la prostitución infantil.

Es como si se les tuviera prohibido a la Policía y a los funcionarios de control de las distintas dependencias municipales, pasar en las horas de la noche por La Circunvalar o en caso de hacerlo detenerse o mirar lo que está pasando en las puertas de los establecimientos que hay instalados a todos lo largo del sector.

Es urgente, pues, que el Gobierno de la Ciudad se interese por lo que está sucediendo en La Circunvalar y le ponga orden al desenfreno y la anarquía que allí existe. Lo que está ofreciendo Pereira a los pereiranos y mostrando a los turistas no puede seguir siendo esa imagen de desorden, de droga, de prostitución y de desenfreno que se observa en La Circunvalar.

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