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Pereira
miércoles, agosto 10, 2022

La amenaza del ruido

Es tendencia

El discurso de Petro

Es urgente

Ojalá, no pase

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La exalcaldesa Marta Elena Bedoya, en una de sus habituales columnas de opinión en este periódico, volvió hace unos días a poner el dedo en la llaga del problema del ruido en la ciudad. Después de exponer con claridad lo que esa pasando en Pereira, remata su comentario con una lacónica advertencia “el ruido es una amenaza para todos los que se exponen a él. Con el tiempo ya no se oye el ruido, ni nada más”.

Ya hemos llamado en varias oportunidades en este mismo espacio la atención de las autoridades sobre el alto volumen que ha adquirido el ruido prácticamente en todos los sectores de la ciudad y el poco, por no decir que ninguno, interés que le ha puesto la Administración a un problema que se ha vuelto de salud pública.

Ya no es solo el centro de Pereira y en especial lugares como El Lago, o la carrera sexta, o el Parque de la Libertad, o el Olaya Herrera, sino sitios como la Circunvalar, o barrios como Pinares de San Martín, o Los Álamos donde la tranquilidad era el común denominador y todo eso se ha perdido.

Hoy desafortunadamente los altos decibeles han invadido todos los sectores de la ciudad y lo peor, sin el más mínimo control por parte de las autoridades encargadas de proteger la tranquilidad de los pereiranos. Cada establecimiento, cada persona le sube a su antojo el volumen a su negocio, sin que haya alguien siquiera que llame la atención por semejante atentado a la paz y a la salud de los ciudadanos.

Un día en el Centro o en Cuba, o una noche en la Circunvalar o en la Juan B Gutiérrez son un verdadero martirio. En el primer caso, la guerra entre los vendedores de frutas que recorren las calles altoparlante en mano, los promotores que vociferan en las puertas de los almacenes, los improvisados artistas que se instalan en los andenes y los venteros que promocionan sus productos, a ver a cual se le escucha más duro; y en el segundo, el estrepitoso ruido de los negocios que hay a lado y lado de la vía, de los vehículos que abren sus puertas en las calle con la música a todo volumen y de las peleas callejeras, han convertido a la ciudad en un lugar invivible.

El ruido es un severo enemigo de la salud humana. Una persona que está todo el día expuesto a un nivel de ruido superior al que tolera el oído humano y al que recomiendan los profesionales, es una víctima segura, más temprano que tarde, de los dañinos efectos de  los excesivos decibeles.

Es urgente que la Administración Municipal le ponga mano a un problema que tiene que ver no solo con la tranquilidad de los pereiranos, sino con su salud. Al paso que va la ciudad, sus habitantes no solo van a terminar insensibles al ruido, sino que no van a oír nada más, como lo advierte la exalcaldesa.

Para estar informado

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