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jueves, febrero 2, 2023

Justicia y sensatez

Hoy se inician oficialmente las reuniones entre gobierno, trabajadores y empresarios para conversar y tratar de concertar sus intereses en torno al que deberá ser el nuevo Salario Mínimo Legal que devenguen, a partir del próximo primero de enero, cerca de dos millones y medio de colombianos.

Este ejercicio no ha sido fácil y, por supuesto, no lo será este año con la alta inflación que vive el país, el aumento en las tasas de interés y los preocupantes niveles de la tasa de cambio. Las posiciones encontradas, fruto de sus naturales aspiraciones y de la coyuntura económica, han hecho que en los últimos años la esperanza de lograr una concertación, se haya diluido y terminado siendo una decisión unilateral del gobierno.

Esta vez, aunque el ejecutivo no ha dicho nada, y solo la Ministra de Trabajo ha dicho que se debe tener muy en cuenta la reciente pérdida del poder adquisitivo de los colombianos, ya las centrales obreras y los empresarios han establecido sus diferencias. Mientras las primeras han dicho que el salario mínimo legal debe estar por encima de la inflación esperada para el año, más el auxilio de transporte, los segundos manifiestan que un incremento alto puede poner en riesgo el proceso de la reactivación de la economía y la recuperación de los empleos perdidos durante la crisis.

Buscar un punto que concilie las aspiraciones de los trabajadores que esperan un alza alta en su salario, con las posibilidades de las empresas que han sufrido los rigores de la crisis, de la devaluación y de los incrementos en los precios de las materias primas, y que hacen esfuerzos por mantener los empleos; será la responsabilidad del gobierno.

El país está en un momento que exige comprensión por parte de todos los colombianos, llámense trabajadores, empleadores, o gobierno. Solamente con el respaldo de todos se podrá sortear el complejo instante y mantener a flote la economía, la generación de empleo y la confianza en las instituciones.

Por eso, lo que hoy se pide es comprensión a las organizaciones sindicales, sacrificio a los dirigentes empresariales, y sensatez y justicia al gobierno, para que entre todos se logre ese justo punto que satisfaga las aspiraciones de los trabajadores, pero teniendo en cuenta las posibilidades de los empresarios, obviamente sin poner en riesgo las proyecciones del Banco de la República.

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