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viernes, febrero 23, 2024

Hoy llegaremos a mil víctimas

Si no se quiere, como dice la publicación de este periódico, agregar el nombre a las mil víctimas que hoy se están completando del coronavirus, hay que cuidarse y cuidar a la familia.

Hoy dolorosamente debe llegar el Departamento al impresionante número de 1.000 personas fallecidas producto de los devastadores efectos del Covid-19. Además, se está completando el doloroso registro de 43.000 risaraldenses alcanzados por el contagio desde que llegó la enfermedad hace once meses.

Como reza la publicación que hizo este periódico el pasado domingo en su primera página y las que ha venido haciendo desde entonces todos los días, estas mil víctimas de la pandemia, no son simples estadísticas, sino personas de carne y hueso, que tiene nombre propio, que son nuestros padres, nuestros hijos, nuestros hermanos, nuestros parientes, nuestros amigos, o nuestros vecinos.

Son personas que, en medio de cualquier situación, muchas veces sin buscarla e inclusive sin su aprobación, adquirieron la infección y que aún permaneciendo en aislamiento y tomando las precauciones de rigor, fueron contagiados por algún familiar cercano o por las personas que estaban a su alrededor.

Son muchas veces también, personas que desafortunadamente no tomaron, con la seriedad que el momento exige, las recomendaciones de las autoridades de salud, ni acataron las normas dictadas para prevenir el contagio y evitar los riesgos que, para muchos, trae la enfermedad.

Cuántas de estas personas que hoy lloramos, no fueron contagiadas por sus propios hijos, o por sus hermanos, o por sus padres, o por su pareja, o por un amigo cercano que, despreciando las medidas preventivas y protectoras, se acercaron a ellas, les dieron un abrazo, conversaron sin tapaboca, o compartieron algún producto o alimento.

Y también cuántas víctimas pescaron la letal enfermedad en una visita no necesaria, o en una aglomeración callejera, o haciendo cola para el transporte masivo, o en un apiñamiento comercial, o en una reunión social o de amigos, y luego, por sus condiciones de salud, no pudieron resistir a los duros embates del virus.

El virus es una infección que no perdona, que se mete en el cuerpo de las personas cuando menos se piensa y en medio de cualquier circunstancia, que no da tregua con el que tiene deficiencias de salud y que puede transmitirse fácilmente a los que se tiene a su alrededor; por eso, hay que tomar todas las precauciones y acatar las medidas tomadas por las autoridades.

Si no se quiere, como dicen las publicaciones de este periódico, agregar el nombre a las mil víctimas del coronavirus, que hoy se competan, hay que permanecer en casa, solo salir cuando sea estrictamente necesario y observando todas las medidas de bioseguridad, conservar el distanciamiento, no asistir a reuniones sociales ni masivas y proteger a la familia. Solo así no añadiremos nuestros nombres a la interminable lista de vencidos por la enfermedad.

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