¡Hay que vacunarse!

No es fácil entender que con un cuadro tan aterrador como el que muestra el país, especialmente en cuestión de personas contagiadas y fallecidas producto del Covid y de ver y leer en todos los medios de comunicación los relatos de las familias que tienen a uno de sus miembros en una UCI o de los pacientes que han logrado superar el vía crucis de unos días conectado a mil aparatos y apenas se están reponiendo de los devastadores efectos de esta temible enfermedad, haya todavía personas que se nieguen a recibir las dosis de alguna de las vacunas que se están aplicando.

Lo curioso de esto es que la negativa de estas personas no se debe a un factor económico, porque el biológico no tiene ningún costo para el ciudadano, ni a la dificultad para acceder a la vacuna, porque en términos generales el proceso de vacunación ha sido fácil y fluido, ni a un temor por los posibles efectos que pueda traer la inoculación; sino, según todas las encuestas, simplemente a una indiferencia ante el virus y a una incredulidad frente a las bondades de la vacuna.

La gente en general, en un porcentaje que por fortuna va disminuyendo cada día pero que sigue siendo muy alto, sostiene que el coronavirus es una enfermedad como cualquier otra, de pronto un poco más fuerte, que afecta a ser humano y que no está probado que la vacuna proteja la vida de las personas y menos que las preserve del contagio.

Claro que el Covid-19 es una enfermedad como cualquier otra, pero con la particularidad que sus efectos sobre el cuerpo, especialmente en aquellas personas que tienen con-morbilidades, es devastador. Casos se ven todos los días de pacientes que en la mañana están  bien, al medio día están en una UCI y en la noche están añadiendo su nombre a la aterradora lista de los vencidos por la enfermedad.

Puede ser cierto que la vacuna no inmuniza a la persona de contraer la enfermedad, pero está científica y médicamente probado que el cuerpo, cuando ha recibido las dos dosis de la vacuna, o una cuando se trata de un biólogo que solo requiere de esta dosis, está mejor dispuesto y es más resistente a los embates del virus.

Además, sólo por un efecto de solidaridad para con la mayoría de la gente, todas las personas se deben vacunar, porque si toda la población está inmunizada obviamente el virus tendrá menos espacio para multiplicarse, para contagiar a nuevos seres humanos y para dejar más victimas fatales.

Es necesario, entonces, que todas las personas aquí y en todo el mundo, se apliquen las dosis correspondientes de vacuna. Es la única manera como el país y el planeta pueden enfrentar una enfermedad que ha dejado ya en el país 120.000 muertos y en el mundo 4.2 millones, y que se resiste a desaparecer a pesar de todo lo que la ciencia ha hecho por controlar su rápida propagación y sus letales efectos.

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