Hay que recuperar la disciplina

Los registros que diariamente entregan las autoridades nacionales y departamentales de salud no dejan duda de que el país y, por supuesto, la región están sufriendo los devastadores efectos de una tercera ola del coronavirus.

Esta semana el número de contagiados en un solo día superó en el país los 11.500 y los fallecidos, los 230, un par de datos que no se presentaban desde los días más críticos de la segunda ola de la pandemia. Y en Risaralda ocurrió exactamente lo mismo. La cantidad de personas que resultaron positivas en 24 horas sobrepaso los 220, un comportamiento que no se veía desde el pico del último rebrote, y aunque los que perdieron la batalla contra el virus no han crecido, los que permanecen en una situación delicada han vuelto a incrementarse.

La otra prueba de la destorcida de la pandemia es los niveles de saturación de las Unidades de Cuidados Intensivos de las clínicas y hospitales del país. En el caso nacional la ocupación ha llegado en los últimos días al 35% y en el departamental este fenómeno ha alcanzado el 52%.

Lo más preocupante de todo es que estos registros son del principio de la semana, lo que significa que todavía no se conocen los efectos de los días santos y que de acurdo con todas las informaciones recibidas la pasada no fue una semana propiamente de encierro, de cuidado y de prevención frente al riesgo de contagio.

Lo que se observó en las paginas de los periódicos y en los noticieros de televisión, así como en las redes sociales, es que la gente desestimó todos los llamados y recomendaciones de las autoridades para evitar las aglomeraciones, para no realizar reuniones sociales, para mantener el debido distanciamiento y para usar el tapabocas adecuado y de manera permanente.

Todo indica que con los días y cuando empiecen a hacer efecto la indisciplina y el relajamiento social de estos días, los datos de los contagiados y de las personas que no alcanzan a superar la enfermedad, van a llegar a los niveles de los días más críticos de la pandemia.

Esto con las naturales consecuencias sobre la economía, sobre el empleo y sobre el ambiente de recuperación que apenas se empieza a sentir. Cualquier encierro, cualquier cierre de actividades y cualquier limitación severa al comercio, al turismo y a los principales servicios, tendrá efectos indecibles en el todavía incipiente regreso a la normalidad.

De allí el imperativo de recuperar la disciplina que se ha perdido y de entender que el virus no se ha ido, que los riesgos de contagio siguen siendo los mismos, que el Covid sigue siendo letal y que la vacunación avanza lento; de lo contrario el rebrote no solamente elevará el número de contagiados y la ocupación de las UCI, y apagará la vida de muchas personas, sino que pondrá nuevamente en crisis la economía, clausurará muchos negocios y acabará con miles de empleos.

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