Hay que hacer el esfuerzo

Es sabido que Pereira es un lugar apetecido por quienes están en busca de una población a donde puedan llegar, instalarse, encontrar una mano amiga y caritativa que les brinde algo de comer, un sitio donde resguardarse del agua y del frío, y en lo posible conseguir un trabajo estable o como mínimo dónde ganar lo indispensable para subsistir.

Por eso, no es raro que entre las ciudades del país, la nuestra sea una de las que más población migrante tiene y que más sigue recibiendo todos los días. Basta salir a la calle para ver la cantidad de personas de nacionalidad venezolana y recientemente haitiana, que han llegado a Pereira.

Son cientos de familias, muchas de ellas con niños de brazos o con personas con limitaciones físicas, que deambulan de día y de noche por las calles intentando de alguna manera sobrevivir, con todas las graves consecuencias que el hambre y la extrema necesidad, acarrean para una comunidad.

Un padre o una madre que tiene a su pequeño hijo enfermo o con hambre y que no tiene con qué comprarle algo para comer, porque no ha podido conseguir un trabajo, hace lo que tenga que hacer, incluido robar y nadie sabe qué otras cosas, para conseguirle un medicamento o un pedazo de pan.

De hecho, esto es lo que está ocurriendo en la Ciudad. Los datos indican que cada vez son más las personas de nacionalidad venezolana que están involucradas en los homicidios, en los atracos, en los hurtos, en las violaciones, en las extorsiones y en general en todos los hechos delictivos que ocurren en Pereira.

Lo más grave de todo esto es que las autoridades no tienen una política clara, ni una acción definida para enfrentar este problema que cada día se hace insoportable. La ciudad se sigue llenando de familias venezolanas y ni siquiera se tienen los registros completos y totales de cuántos han llegado y cuántos arriman cada nuevo día.

Esto con un agravante mayor y es que ahora no solo son los migrantes venezolanos quienes tienen en apuros a las autoridades locales, sino los que están llegando procedentes de Haití. Según datos oficiales, solo por el Terminal de Transportes arriban a la Ciudad cada día entre 100 y 120 personas provenientes de este país.

Por supuesto, la ciudad no puede cerrar sus puertas ni puede cambiar sus excepcioneles condiciones y sus atractivos para quienes buscan donde pueden paliar su lamentable situación, pero sí tiene que hacer un esfuerzo para atender esta población y para prepararse a recibir la que va llegando, si no quiere que todo esto termine en más inseguridad, en más prostitución y en más delincuencia.

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