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domingo, agosto 14, 2022

Hay que atacar el mal

Uno de los peores males que puedan afectar a una sociedad es el del llamado trabajo infantil. Desafortunadamente esta condenable práctica ha hecho carrera entre nosotros desde hace mucho tiempo y hoy está acentuada por cuenta de la difícil situación económica que ha producido la pandemia.

Esta semana este periódico publicó un interesante informe periodístico sobre la situación de la ciudad en materia de trabajo infantil y los esfuerzos que viene haciendo la Administración Municipal y algunas instituciones privadas para tratar de erradicar esta práctica y generar conciencia en la comunidad sobre los nefastos efectos que esto deja en la sociedad.

El lugar donde debe estar un niño en su época de infancia es en el colegio y, por supuesto, en el hogar, y donde menos tiene que permanecer es desempeñando labores que están reservadas exclusivamente para las personas mayores, más si esas tareas son de aquellas consideradas como un trabajo pesado.

Lamentablemente, muchas circunstancias, empezando por la pobreza, el abandono y la falta de una familia, hacen que muchos pequeños se retiren del colegio y no regresen a las aulas de  clase, y que los mayores los fuercen a buscar un trabajo que les genere algunos ingresos y que los ayude a subsistir.

Lo peor de esto es que, la mayoría de las veces, las labores que inicialmente desempeñan los menores y que suelen ser livianas, con los días se convierten en trabajo pesado, no apto para menores y que, por supuesto, atenta contra su salud y contra su dignidad personal.

Basta pasar por ejemplo, como bien lo anota el artículo de este periódico, por alguna de las plazas d mercado que hay en la ciudad o por uno de los sitios donde todos los días confluyen al amanecer los camiones que traen los productos que se venden en estos sitios, para ver la nube de niños entre 10 y 16 años realizando labores que no son propias de su edad y que violan todas las normas de protección al menor y que prohíben utilizar menores de edad para realizar un trabajo pesado.

Todo esto con un serio agravante y es que esto sucede todos los días de la semana, a los ojos de todo el mundo y con el conocimiento de las autoridades, y sin embargo, todos lo toleran, los conductores de los vehículos transportadores, los dueños de los productos que se venden, los compradores y, claro está, los administradores de las plazas de mercado.

Es urgente, pues, que las autoridades respectivas activen la vigilancia y le hagan un control estricto a la presencia de menores en las plazas de mercado y en los sitios donde especialmente hay cargue y descargue de mercancía, y también que todos los ciudadanos denuncien cualquier exceso que conozcan. Es la única manera de atacar un mal que le está haciendo inmenso daño a la niñez.

Para estar informado

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